Me permito tomar prestado uno de los títulos de la abundante e ingeniosa producción cinematográfica de Woody Allen para responder a una amable lectora, "preocupada por el buen uso del idioma", que me transmite su desacuerdo con algunos de mis comentarios acerca de la improcedencia de ciertas expresiones, de anglicismos disfrazados de neologismos innecesarios(1) o, simplemente,