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En la actualidad, las llamadas finanzas islámicas están revolucionando el panorama socioeconómico mundial. Según estimaciones del propio Fondo Monetario Internacional (FMI), esta forma alternativa de hacer finanzas vive un crecimiento sin precedentes, cifrado alrededor del 15% anual e implica a más de 300 instituciones financieras, no sólo musulmanas, distribuidas entre 70 países. Sus orígenes se remontan a los años setenta, coincidiendo con la crisis del petróleo, cuando surgen los primeros bancos islámicos, alentados por el exceso de liquidez derivado de los precios del crudo. Sin embargo, algunas de estas entidades se focalizan en proyectos para el desarrollo del mundo musulmán. Tal es el caso del "Islamic Development Bank" (IDB, en sus siglas en inglés), creado por los países miembros de la Conferencia Islámica para la reactivación económica y social, bajo el precepto de la Ley sagrada del Islam (Sharia).
Efectivamente, las finanzas islámicas se fundamentan en el respeto a la Sharia, la cual prohíbe, no sólo el cobro de intereses sino, también, la vinculación con determinadas actividades económicas, consideradas impuras, por tener relación con el alcohol, el tabaco, la industria armamentística, la pornografía, el juego, la producción y elaboración de productos derivados del cerdo, etc. A diferencia de la occidental, la banca islámica supone una estrecha colaboración entre el usuario (cliente) y el gestor (institución financiera), compartiendo, a través de contratos PLS (Profit & Loss Sharing), los riesgos y participando de los éxitos. Esta filosofía nace de la propia Umma (comunidad religiosa), cuyo sustento básico es la solidaridad. No obstante, este tinte ético-religioso no está reñido con el concepto de rentabilidad; lo que ocurre es que los instrumentos financieros convencionales deben readaptarse, dando lugar a otros, tales como:
uLa Iyara, el alquiler de un bien, inmueble o mueble, con opción de compra en un plazo determinado.
uLa Mucharaka, contrato por el que una entidad de crédito participa en una sociedad de capitales.
uLa Murabaha, con la cual el cliente solicita a una entidad de crédito la adquisición de un bien, mueble o inmueble, para que ésta se lo revenda al precio de compra más un beneficio pactado previamente.
El despegue definitivo de las finanzas islámicas hay que situarlo en la última década, a raíz de la crisis de la bolsa asiática de 1997. El entonces primer ministro de Malasia, Mohamad Mahathir, rechazó la intervención del Fondo Monetario Internacional, acusándolo de especulación. A partir de esa fecha, dicho país mulsumán centró todos sus esfuerzos en construir un sistema financiero alternativo al occidental, inspirado en la Sharia, tal como hoy lo conocemos. Paradójicamente, el empuje definitivo de la banca islámica, en estos últimos años, ha venido de la mano de la propia banca occidental, quien se ha animado a ofrecer productos islámicos (depósitos, hipotecas, etc.) con el fin de captar la demanda potencial que supone una población musulmana en continuo crecimiento. En especial, destaca la emisión de los llamados bonos islámicos (sukuk), precisamente para atraer la liquidez proveniente del petróleo. Y es que, a mi juicio, el marchamo "islámico" está aún por descubrir. Con más de mil millones de musulmanes como respaldo, los analistas prevén que en 2008, la banca islámica llegue a administrar cerca del 4% de la riqueza mundial. Y todo ello, en el nombre de Allah.