josevalero@economistas.org
Nos encontramos en una época donde todo lo innovador y de futuro está relacionado con las nuevas tecnologías de la comunicación y la información (NTIC´s). Apoyado públicamente a través de la consejería de Innovación, Ciencia y Empresa, el Ministerio de Industria,... y un sin fin de programas y proyectos públicos y privados financiados en gran parte, e incluso en su totalidad por Fondos Estructurales de la Unión Europea.
Subvenciones y ayudas por la compra de ordenadores, conexiones a internet, programas informáticos, cursos de formación en nuevas tecnologías, programas Guadalinfo en los municipios, PLADIT...., todo ello como síntoma de desarrollo y bienestar social a todos los niveles: social, empresarial, económico, cultural, tecnológico...
No es menos cierto, que existen en las zonas rurales otras necesidades mucho más necesarias, -no por su importancia pero sí por su prioridad como actuación de primera necesidad-, a las cuales habría que apoyar en la misma medida que las actuaciones en nuevas tecnologías, dado que estas últimas nunca podrán ser instaladas sin la complicidad de las administraciones públicas en colaboración de empresas privadas y particulares, siendo inversión necesaria en zonas rurales deprimidas.
En las zonas rurales, existen miles de hectáreas aún sin electrificar. Áreas a menos de un kilómetro del casco urbano donde un dispositivo eléctrico es inexistente. Espacios rurales donde, en los tiempos de modernidad que vivimos, el agricultor ha de regar vaciando albercas, abriendo y cerrando tornas. En no pocos casos, el agricultor riega sus cultivos sacando agua vía generador Diesel ubicado en el contrapozo, peligrando su propia vida por la contaminación de gases que se generan en dicho recinto cerrado.
Hace unos años, a nivel profesional coordiné un proyecto de electrificación rural cuyo éxito radicó en la implicación de los propietarios particulares y empresariales ante la necesidad optimizar su producción agrícola y ganadera. El proyecto apoyado por fondos públicos en un 33,3%, la compañía eléctrica en otro 33,3%, y los particulares sufragando el 33,3% restante.
En dicho proyecto se consiguieron varios objetivos. El primero y principal, al ser muchos agricultores y ganaderos implicados, el coste resulta irrisorio, hacerlo particularmente costaba una fortuna. En segundo lugar, el beneficio económico optimizando costes/producción. Y el tercero más importante generando bienestar social a todos los beneficiarios en pleno siglo XXI.
Actualmente, y gracias a la resolución de 29 de enero de 2008, de la Dirección General de Regadíos y Estructuras, se han convocado subvenciones a las infraestructuras agrarias para este año 2008. Basándose estas, principalmente en la Orden de 27 de abril de 2007 de la Consejería de Agricultura, ganadería y Pesca , y dentro del marco del Programa de Desarrollo Rural 2007-2013.
Gracias a programas como este, se conseguirá electrificar nuevas zonas, en las que en un futuro próximo gracias a ello se instalarán programas informáticos en la producción y engorde de aves, granjas de pollos, regadío de olivos y naranjos programados -sin necesidad de generadores de energía eléctrica Diesel-, naves con almacenaje de productos agrícolas en cámaras frigoríficas... etc.
No es necesario irse a pueblos de la sierra, es una realidad que existe en zonas rurales a 20 kilómetros de Sevilla capital.
La tan cacareada segunda industrialización agraria enfocada a la modernización de zonas rurales aún está lejos, -creo que después de 30 años no se ha producido todavía ni la primera-, por algo se empieza.
El desarrollo local de nuestros pueblos, no sólo está relacionado con el crecimiento económico, un componente igual de importante o más es conseguir el bienestar social, aportando a la sociedad elementos de primera necesidad. La unión de ambos conceptos es imprescindible para nuestro desarrollo.
