• Cuando la vida te presente razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones para reír.

Tiembla, tarjeta, tiembla

Puntuación
Juan Félix Bellido
 

Dentro de unos días será Navidad. Todo nos habla, nos grita, nos machaca, nos vocifera que ya está en puertas la fiesta del consumismo por antonomasia. Camino hacia el tabanco y todo en las calles me lo recuerda. En casa con las felicitaciones, nos preparamos para el atracón de turrón, de pestiños y de mantecados, y en el bolsillo tiembla, con auténtico pánico, la tarjeta de crédito. Las luces de las calles le anuncian una brusca sacudida que la dejará varada en la aridez durante unos meses, y es que la Navidad es la fiesta del consumo, del desmesurado consumo. Y aunque hace frío, los grandes almacenes hacen el agosto. Aunque este año, el horno no esté para los mismos bollos.

Al lado del tabanco, en lo que fuera una vieja bodega, que ahora ha dejado del cultivar buenos caldos para criar telarañas ennegrecidas por la humedad, ya se anuncia la primera zambomba del ciclo y es que desde que los grandes almacenes adelantaron la Navidad, para dar tiempo a sacudir las tarjetas de crédito en sus cajas, todo se ha adelantado, y la gente tiene unas admirables ganas de villancicos y pestiños. Como sigan así la cosas, los villancicos aturdirán el comienzo del curso y empezaremos a comer mazapanes en septiembre. Lo mismo es que la gente está aburrida y quiere poner al mal tiempo buena cara, para olvidar que ha subido el paro, que la inflación galopa cuesta arriba, que las hipotecas se nos van a llevar medio riñón y que, además, tendremos que aguantar a los políticos hablándonos de Alicia en el país de las maravillas hasta el mes de marzo del año que viene.

Y lo malo es que estas Navidades nos cogen con el pie cambiado: la inflación ha subido y el jamón este año va a tener que ser de paletilla y serrano. El pata negra se irá a las altas esferas, porque a nosotros se nos ha rebajado el poder adquisitivo de nuestros salarios a mínimos de pestiños caseros y bocata de mortadela. Hace ya quince días que, ignorando las crisis que nos asaltan desde las trincheras ocultas de la economía, tengo que tragarme en todos los canales televisivos una batería exagerada de anuncios de muñecas, de juguetes y de otros chismes que ocuparán el universo onírico de los niños, para hartazgo de muchos padres, que ya están hasta el gorro de esta machacona martillada sobre los más pequeños. Y, como consecuencia, comenzará el "me pido" y "me pido"... Y los padres, con cara de bobo rey Gaspar, a tragar saliva y a cuadrar cuentas. Y ya que estamos en recta final preelectoral, podría ocurrírsele a cualquier político prometer subvención navideña a padres con sueldo tipo media nacional o andaluza -es decir, más bien bajo- para hacerle más llevadera la cuesta de Navidad, y la de enero y la de febrero... Más de uno, gustoso, le daría su voto. Y sería campaña más eficaz que esa de la Z, y más barata.

Porque si el precio de los alimentos básicos, ya en octubre subió, acumulando una subida anual del 22%, y la leche, los tomates, el pan, los huevos, etc., se comenzaron a encaramar a las nubes, ¿qué no subirá en este mes de diciembre? Y la mesa navideña, para esa enorme bolsa que cobra menos de 1.100 euros, le va a dejar en dique seco el resto del mes por poco que quiera adornarla con algún extraordinario.

Nos queda, como consuelo, mantener el espíritu navideño, no echarle la culpa y pagarlo con el que no la tiene; celebrar la Navidad con los que nos quieren, y dejar las reflexiones para el año nuevo. Entonces, los Reyes Magos nos traerán una campaña optimista, encantadora de serpientes, y los que sí se habrán podido comer el pata negra, comenzarán a contarnos el cuento de la buena pipa. Y nosotros, cansados de subir tanta cuesta, fruto de tanta incompetencia y tanto calentamiento del sillón del poder, de los pactos y de los repartos, iremos tomando nota y, cuando en marzo nos dejen -porque esto está montado para que la mayoría, los dueños de este país que somos todos, hablemos sólo una vez cada cuatro años- entonces, pongamos en su sitio al que haya que poner. Y si no, también los que ostentan el poder, que reflexionen en estas fechas, que enderecen los entuertos y -aunque sea por una vez y sin que sirva de precedente- escuchen a los dueños de esta democracia y de este país, y de los que ellos sólo son meros representantes.

Sujeten la tarjeta, arrópenla para que no se resfríe y sepan que desde esta penúltima página, les deseo todo lo mejor.

subdirector@agendaempresa.com

Informaria SL Grupo de comunicación fundado en 1996