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Este pasado mes ha sido el mes de las perlas. Casi todas ellas de mala calidad, desde luego, pero que han puesto el patio de lo más alborotado. Algunas eran solamente frutos de la memez de los que las pronunciaban o de la supuesta memez que imaginaban en los que las escuchábamos. El problema es que no todo es memez lo que reluce. Ni en los emisores ni en los receptores. Algunas han servido para diversión del respetable y alimento de los que escribíamos las crónicas para ellos, ¡que no sólo de pan vive el hombre!
Y como quien acude a la joyería a elegir una perla para un regalo, me he venido al tabanco a observarlas detenidamente. Labor difícil e intrincada tarea. Hace calor y me devano los sesos para no darle cuartos en estas páginas a quien no lo merece. Felipe, el tabanquero me sirve de poca ayuda. Está que echa chispas -y no le falta razón-, y no hay quien le sostenga una conversación medianamente pacífica. Nada más entrar y, antes de ponerme la copa de amontillado repite lo de ayer: "ahora los constructores quieren ayuda del Gobierno para mantenerse en estos momentos de crisis inmobiliaria, después de años de especulación, de enriquecimiento desmesurado... ¿Y a mí quién me ayuda, que sólo he logrado sobrevivir en estos años, a pagar la hipoteca?". Y he tenido que dejarlo relatando con Antonio, porque ha seguido con lo de la factura de la luz, con el aumento del precio y con la eliminación de la tarifa nocturna, con la chorrada de la tarifa social, imposible por lo demás, pues ya son excepción que te permitan contratar menos de 3 kw. Y que no sabe cómo explicarle a su mujer -como tampoco sabrán explicárselo a los suyos Diego Valderas o Sánchez Gordillo a las familias de su pueblo- por qué IU ha apoyado en el Congreso la subida de las tarifas. Y etcétera, etcétera, etcétera... que aquello parecía el muro de las lamentaciones. Porque aunque no haya crisis -término vetado y de prohibida pronunciación-, y aunque se hayan hecho no sé que suerte de políticas sociales, y aunque no sé qué de los 400 euros que no llegan ni se sabe cómo van a llegar, los de siempre nos lo estamos pasando mal y lo de llegar a fin de mes y lo de las vacaciones no es un eufemismo.
Y es que Felipe, como yo y como todos, además de tener que soportar las perlas, de no saber a qué carta quedarnos y de haber heredado una cara de tonto que ni para qué, hemos soportado este mes una huelga de transporte, y por ende la escasez de muchos productos, la subida de otros y los atascos en las carreteras. Nos hemos tenido que desayunar con otro regalito como el de Estepona, y nos anuncian que tampoco es el único, como no lo iba a ser el de Marbella, y suma y sigue, que este mes ha sido de mírame y no me toques.
Yo he venido a refugiarme a esta rebotica que es el patio trasero, como el que se retira a los cuarteles de invierno. Contemplo la foto más notable de los últimos días del presidente del Gobierno, en Moncloa, con los llamados "agentes sociales", con los que supongo que habrá hablado dentro, porque lo que es fuera, hablar, lo que se dice hablar, han hablado poco, pero por lo visto han de seguir hablando, porque la conclusión de la reunión aportaba pocas cosas concretas. La reunión era sólo la apertura de un proceso de diálogo. Las reformas necesarias están por llegar y ya nos contarán cuáles son.
Y ante el panorama, barajo una de las mejores perlas de este mes. La que nos ofreció el ministro de Industria, Miguel Sebastián. Vino a decir algo así como que cuanto más pronto se toque fondo, más pronto iniciamos la remontada. Lo que no me quedó muy claro es el número de cadáveres que en esta operación se nos van a quedar por el camino.
