• Cuando la vida te presente razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones para reír.

Me explico

Puntuación

Repite Felipe, el tabanquero, el dicho popular de que cuando pica, ajos comen y, por lo visto, más de uno ha comido ajos. Felipe me lo dice a modo de consuelo, pero está cabreado y me lo dice ironizando y adivino en sus palabras las destempladas cajas del hartazgo. Y es que de un lado y de otro me han venido comentarios a mi ‘Mamarracho' del mes pasado. Y es que habría que haberlo explicado con detalles y haber especificado que mamarrachos son los que miran para otro lado cuando las infracciones urbanísticas claman al cielo y dejan que el agua corra, como si no fuera con ellos; los que ponen el cazo que algo caerá, y así redondeamos el sueldo; los que manejan la economía, con el grupo de amiguetes, y el mercado se espanta, la bolsa se tambalea, las viviendas no se venden, se inflan los globos, intervienen sin tener que hacerlo, y las inversiones de fuera, se quedan por el camino; los que son capaces de vender el alma al diablo para mantener el sillón, los que nos sitúan a los ciudadanos en los últimos puestos de la tabla de sus intereses, y los que ignoran intencionadamente que las mentiras piadosas no dejan de ser mentiras y la piedad es cosa bien distinta. Pero, bueno, espero que les pasemos factura a todos esos mamarrachos que venden mamarrachadas, el 27 de mayo próximo, que ya está a la vuelta de la esquina.

Pero, ¿para qué seguir moviendo, aquello cuyo olor supuestamente pestilente, nos llega con abundancia? Ahora estaba yo en otra cosa. Estaba con la resaca aún de la huelga general que nos paró a la mayoría -abundante y nutrida mayoría- en la provincia de Cádiz, cuando, codo a codo, con miles de familias gaditanas dijimos que lo de Delphi no era de recibo. Una muerte anunciada que, por lo visto, todos los que tenían que conocer, conocían ya desde tiempo atrás y no se movía ni un pelo. Y así nos encontramos, con una crisis que no hace sino sumir en una situación de paro creciente una zona que si por algo se distingue es porque va en los primeros puestos de las primeras listas del ranking de las provincias españolas. A la depresión existente, se añade una más con pocos visos de solución. La bandera blanca ha empezado a asomar y la rendición será inminente. Y, mientras tanto, miles de familias se quedan en la calle. ¿Y a ver quién pone solución a esto?

Y como a las instancias superiores, tanto la situación como la reacción de todos los gaditanos, deben haberles hecho sentir cierto rubor y tienen una patata demasiado caliente entre las manos, ahora proponen un plan de subvenciones para la instalación en la zona de otras empresas, convencidos ya de que el vuelo de Delphi es algo definitivo, sin retorno. Y ya tenemos sobre la mesa del Congreso la propuesta de reindustrialización de la zona. Con las medidas que el Gobierno puede llevar a cabo, se intentarán traer otras empresas. ¿Esperanzas para que no nos hundamos en la miseria y en la desconfianza? ¿Maniobras preelectorales para que no se nos desmadre la ciudadanía, harta ya hasta lo indecible? El tiempo lo dirá. Pero las esperanzas cada vez escasean más y no sólo los índices de paro de la provincia serán rémora en la ciudadanía, sino que tras tantos experimentos con gaseosa, la gente está empezando a cultivar en su huerto la desconfianza. Otro mamarracho como éste no sería soportable ya en esta Bahía de Cádiz, tan castigada. El problema está claro; si de verdad, tienen la solución, que nos la expliquen con detalles, que nos den un aval que nos la haga creíble, y la esperanza de miles de ciudadanos tendrá una base sólida. De lo contrario, aunque estemos a orillas del mar, los cantos de sirena no nos interesan, por muy hermosas que sean sus voces. El cacareado desarrollo andaluz, no se puede vender tan sólo en los carteles.

Informaria SL Grupo de comunicación fundado en 1996