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La economÃa andaluza y su tejido productivo encara el año 2008 con cuatro grandes incertidumbres que necesariamente condicionarán, tanto positiva como negativamente, la marcha económica de la región: a) la celebración de las elecciones autonómicas, el 9 de marzo, coincidiendo con las nacionales, abre varias incógnitas sobre sus resultados y si el mismo color polÃtico gobernará en la Junta y en el Gobierno de la Nación o se producirán alternancias; b) la segunda incertidumbres es saber quiénes serán las personas que dirijan las ConsejerÃas relacionas con el tejido productivo (Innovación, Empleo, Obras Públicas, EconomÃa y Hacienda) y las polÃticas que implementarán en los próximos cuatro años; c) la tercera viene condicionada por la crisis de las hipotecas subprime o de alto riesgo que se produjo en agosto de 2007 en los EE.UU. y su transmisión a la economÃa europea en forma de crisis de liquidez y d) los efectos de la burbuja inmobiliaria sobre las familias y las empresas andaluzas. Las dos primeras incertidumbres quedarán despejadas en el próximo mes de marzo, las otras dos habrá que esperar varios meses o incluso al año 2009 para observar sus efectos sobre la economÃa andaluza.
Nadie duda que España y, especialmente AndalucÃa, ha vivido un milagro económico en los últimos doce años fomentado por una expansión crediticia sin precedente que ha convertido a España en el segundo mercado mundial en construcción de casas. Algunos analistas creen excesiva la dependencia de la economÃa española del sector de la construcción y su ralentización como consecuencia del elevado precio de la vivienda y de la subida de los tipos de interés, conllevará un fuerte impacto sobre su economÃa, lo que producirá una destrucción de empleo importante, ya que el sector de la construcción de forma directa o indirecta representa el 25 % del empleo en España. El crecimiento económico español y andaluz se ha centrado durante esta última década en ramas de actividad de bajo nivel de productividad por ocupado como la construcción y determinados servicios y con un elevado uso de la contratación temporal.
El sector de la construcción residencial está experimentando una desaceleración más brusca de lo que se esperaba. El Instituto Tecnológico de la Construcción (ITEC) señala que en el año 2007 se han iniciado 150.000 viviendas menos que en el 2006. Por tanto, se puede hablar abiertamente de crisis. La caÃda en el segmento de la vivienda se debe al descenso de venta, debido a la acumulación de pisos levantados al calor del boom inmobiliario y al cierre del grifo crediticio por parte de las entidades financieras para prestar al consumidor y al promotor. La desaceleración del mercado de la vivienda se veÃa venir desde mediados del 2006. El ritmo de escalada de los precios resultaba insostenible, lo mismo que el auge de la construcción residencial y se daba por descontado un ritmo menor. Esta desaceleración no está siendo tan suave como se esperaba sino que se ha producido un parón en toda regla. La patronal de la construcción augura un fuerte descenso en la demanda de viviendas en los próximos cinco años.
La combinación de bajo coste del capital (tipos de interés en torno al 2 %) y una mano de obra emigrante abundante y barata permitió a la construcción ser el motor del largo periodo de expansión. Las empresas y familias se habituaron demasiado a unas condiciones financieras extremadamente favorable y tendieron a subestimar el riesgo de un endeudamiento elevado. En estos últimos años estas condiciones se han ido deteriorando significativamente: los tipos de interés subieron casi tres puntos en término reales; aumentó notablemente la morosidad; el nivel de endeudamiento de de las familias alcanzó un record histórico y los precios de la vivienda pasaron de un fuerte y continuada subida a iniciar probablemente una caÃda.
Este modelo de crecimiento empezó a mostrar sÃntomas de agotamiento a finales del año 2005 y el estallido de la crisis de las hipotecas basuras en EE.UU. y su extensión al resto del mundo, especialmente en nuestro paÃs por el fuerte endeudamiento exterior, el segundo paÃs del mundo detrás de EE.UU., el excesivo peso de la construcción y del sector inmobiliario y del consumo ha puesto de manifiesto su incapacidad para seguir generando riqueza. El modelo de crecimiento señalado ha conducido a una fuerte pérdida de la competitividad, como lo ponen de manifiesto los continuos y fuertes déficit de la Balanza de Pago (8,6 % del PIB en 2006) y el fuerte proceso inflacionario en el que ha entrado la economÃa española (tasas superiores al 4 %).
Por tanto, la economÃa española y andaluza han entrado ya en una etapa de desaceleración de su crecimiento. Esta tendencia se acentuará en el año 2008 debido al frenazo que sufrirá la construcción y al menor consumo de los hogares. Las previsiones de crecimiento de la economÃa española para el 2008 se sitúan en el 2,8 % y las de la andaluza varias décimas más que la española, es decir, en torno al 3 %. Y se advierte de nuevo un repunte de la tasa de paro, aunque la crisis financiera mundial aportará incertidumbre a este panorama económico.
El ciclo expansivo que ha experimentado la economÃa andaluza durantes estos últimos 14 años con tasas de crecimientos superiores a la de la economÃa española y europea le ha permitido converger con ambas economÃas y ganar desarrollo económico y bienestar para los andaluces. A pesar de este crecimiento la economÃa andaluza no ha sabido o querido salvar los estrangulamientos económicos que le produce el elevado déficit comercial; la baja competitividad y productividad; el reducido gasto en I + D; escasa innovación tecnológica de las empresas; ausencia de reformas de calado en el mercado de trabajo; alternativa a la construcción como motor económico y deficiente modelo educativo que hacen a la economÃa andaluza más vulnerable con respecto a las economÃas de la zona euro. Por lo tanto, la economÃa andaluza tendrá que busca un nuevo modelo productivo en esta fase de desaceleración económica para seguir convergiendo con la economÃa española y europea.
El objetivo prioritario de este nuevo modelo de desarrollo económico tendrÃa que ser el incremento de la productividad, lo que permitirÃa reducir la inflación, ya que con los mismo inputs se logra producir más cantidad de bienes y servicios, mejorando la balanza comercial. La cuestión está en cómo incrementar la productividad, que no es tarea fácil, ya que no se logra por decreto, sino transformando información en conocimiento, éste en innovación y ésta en crecimiento. En las economÃas desarrolladas esta posibilidad depende del capital humano y del tecnológico, pero es necesario que la gestión de estos factores se efectúe con eficacia, pues de nada servirá que los Presupuestos asignen más recursos a ellos, ya que se acumulará ineficiencia sobre ineficiencia.
Por tanto, la economÃa andaluza y su tejido productivo deberán sortear las incertidumbres, tanto polÃticas como económicas, que presenta el año 2008 para seguir ganando músculo y continuar convergiendo con la zona euro en este periodo de desaceleración económica en la que ha entrado.
