jmferdom@upo.es
El 25 de marzo se celebró en BerlÃn la conmemoración del 50 aniversario de los Tratados de Roma que dieron origen a lo que hoy llamamos la Unión Europea (UE). Los 27 paÃses que conforman la UE, bajo la atenta mirada de la Presidenta de turno y Canciller Alemana, Angela Merkel, firmaron la Declaración de BerlÃn, la cual intenta rescatar el proceso Constitucional, ahora varado por el veto negativo de franceses y holandeses, para romper el actual bloqueo institucional de la Unión que resulta improrrogable. Asà mismo se intenta explicar a la ciudadanÃa europea y al mundo los valores sobre los que se asienta la Unión y los éxitos alcanzados en estos últimos 50 años.
El Tratado de Roma es una construcción sin precedentes en la historia, la mayor aportación a las formas polÃticas que desde el Estado nación, ha hecho Europa, y de gran éxito y originalidad en todos los sentidos, incluida la paz y la prosperidad.
Con la reunión de BerlÃn la UE trata de reafirmar los valores y objetivos que son la base de la Unión y de hacer frente a los desafÃos pendientes: acercar a los ciudadanos a los propósitos e instituciones de la Unión; organizar la Europa polÃtica y desarrollar la UE como un factor de estabilidad en un nuevo mundo multipolar.
La solución que se busca pasa por confirmar que el Tratado Constitucional, en fase de reexamen, contiene los ingredientes esenciales para la reforma necesaria: el voto por doble mayorÃa de paÃses y de electores, la coordinación y el refuerzo del liderazgo. En este sentido es necesario reformar los vÃnculos entre las distintas instituciones europeas y entre éstas y los parlamentos nacionales, asà como de los parlamentos nacionales entre sÃ. También es igualmente necesaria la coordinación entre los diferentes niveles administrativos (europeo, nacional y supranacional). De esta manera se conseguirá una mayor coherencia y coordinación entre los distintos responsables de la adopción de decisión. Es imprescindible, al mismo tiempo, coordinar las polÃticas económica y social para evitar asà el desfase que se crea en el avance de los resultados económicos y los sociales, además del requerimiento de interrelación de estos dos ámbitos en cualquier tipo de decisión. Por tanto, es imprescindible aprobar una nueva Constitución para que marque las reglas de juegos en la UE y le proporcione personalidad jurÃdica en el mundo exterior y siente las bases de su funcionamiento.
Los retos que tiene planteado la UE en estos momentos son muchos y de diversa Ãndole: precipitación y mala gestión de la ampliación en el 2004 hacia los paÃses del Este de Europa; rechazo a las futuras ampliaciones de la Unión a otros paÃses, especialmente el caso de TurquÃa; envejecimiento de la población europea y sus implicaciones en su modelo económico y social; polÃtica de inmigración y de vecindad; profundización de los logros económicos y la convergencia económica social entre los distintos paÃses;      desarrollo sostenible y protección del medioambiente; uniformidad  en su polÃtica exterior y posición en el mundo; mercados abiertos y justo; modernización y reforma en su modelo social; búsqueda de una polÃtica energética; modernización de la polÃtica de innovación; desafÃos de la mundialización y globalización y la fuerte competencia que ejercen los paÃses emergentes (China e India), etc.
La historia de la UE ha sido, no obstante, una sucesión de tropiezos y acuerdos de última hora. Desde que el 25 de marzo de 1957 se firmara el Tratado de Roma hasta el último tropiezo del rechazo popular de franceses y holandeses del Tratado Constitucional, las fuertes tensiones creadas por la ampliación hacia el este y la reciente entrada de Bulgaria y Rumania. Por tanto, la historia de la Unión es un proceso de crisis y éxitos sucesivos desde hace 50 años, que ha dado lugar a la mayor unidad polÃtica constituida por 27 paÃses y a la mayor economÃa del mundo. La UE ya no es sólo occidental, sino que ha desbordado las tradicionales divisiones históricas de Europa y se ha ampliado, quizás demasiado deprisa y presenta un problema de gigantismo.
Hasta ahora la UE ha realizado lo más difÃcil, y que tras el euro, lo que queda por realizar toca de lleno a la soberanÃa nacional de los 27 Estados: la seguridad interna y externa, la energÃa y los avances en la integración polÃtica, es decir, la puesta en común de soberanÃa.
Estos 50 años de la UE que para nosotros los españoles son 20, los que se han cumplido desde nuestra adhesión el 1 de enero de 1986. Mucho antes habÃamos cumplido nuestros deberes polÃticos, recuperando las libertades civiles, establecimiento de las instituciones democráticas y normalización de los procesos electorales. Tras la adhesión a la UE, los españoles se implicaron enseguida en las tareas europeas con un fervor inesperado, siendo en la actualidad uno de los paÃses más europeÃstas de la Unión.
Desde su entrada en la Comunidad Europea, España ha recibido un volumen considerable de Fondos Europeos (Fondos Estructurales y de Cohesión). Estas transferencias han sido equivalentes en promedio a un 0,8 % del PIB anual y llegaron a representar un máximo del 1,6 % del PIB en 2003. Sin embargo, el crecimiento de la economÃa española y la ampliación de la Unión a 27 miembros significa una reducción paulatina de recursos proveniente de Bruselas en el periodo 2007-2013.
En 20 años, España ha recibido más de 91.000 millones de euros (precios de 2004). El paÃs partÃa como uno de los más rezagados de la UE, con un PIB per cápita que representaba el 73 % de la media de la UE -15. Tras la ampliación de la Unión a 25 miembros, la posición relativa de España ha mejorado significativamente, con lo que el volumen de recursos provenientes de Bruselas disminuirá. Cabe señalar, sin embargo, que la evolución positiva de la economÃa española implica por si sola una disminución de las ayudas europeas. Por un lado, el PIB per cápita del conjunto del paÃs supera el 91 % de la media de la UE en 2006, con lo que España deja de ser candidata a recibir Fondos de Cohesión (el lÃmite de PIB per cápita para recibirlos se sitúa en el 90 %). Por otro lado, el número de regiones elegibles como Objetivo 1 para los Fondos Estructurales se redujo de 7 a 4 entre 1995 y 2003.
Por tanto, muchos Estados Europeos y ciudadanos esperan de la canciller alemana, Angela Merkel y de la Declaración de BerlÃn que prepare y allane el terreno para que en en el mes de junio, conociendo los resultados de las presidenciales francesas (Nicolas Sarkozy, Ségolène Royal o François Bayrou), se pueda trazar la hoja de ruta que saque a la UE del marasmo actual para que en el 2009 se pueda aprobar un nuevo Tratado Constitucional.