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Globalización y deslocalización: nuevas tendencias de la economía internacional (I)

Puntuación

El proceso de globalización al que estamos asistiendo en la actualidad no es nuevo. Éste se ha repetido a lo largo de la historia del capitalismo en dos ocasiones: durante el siglo XV y XVI, con el descubrimiento de América por parte de Colón y la primera vuelta al mundo por Magallanes; y durante la revolución global de la industria en los siglos XIX y XX. En ambos casos, este proceso reclamó la atención de las sociedades que experimentaron dicho proceso.

Podemos considerar que son cinco los motores que impulsan el actual proceso de globalización: la innovación tecnológica; el descenso de los precios de las manufacturas; las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación (TIC); el ingreso en el sistema económico de las sociedades que conforman el sureste asiático; la integración de los mercados mundiales de bienes, servicios y capitales; y el abaratamiento de los transportes.

Este proceso de globalización permite a las empresas, tanto multinacionales como nacionales, una mayor libertad de movimiento de personas y capitales. Ello permite desplazar fácilmente las estructuras industriales de un país a otro, produciéndose, de este modo, un proceso de deslocalización.

Bajo el término deslocalización se engloban realidades, causas y manifestaciones muy diferentes: la externalización productiva y las subcontrataciones; la innovación tecnológica; las transferencias de producción; las inversiones directas en el extranjero; las fusiones y adquisiciones; las quiebras; las suspensiones de pago y declaraciones de insolvencia; los cambios o mutaciones; la subcontratación de empresas extranjeras; y, por supuesto, las deslocalizaciones de empresas a otros países.

En un sentido más amplio del término, cuando hablamos de deslocalización, nos estamos refiriendo a profundos cambios en la organización del trabajo y en el empleo, a un fenómeno que afecta a la sociedad occidental en su conjunto. A cambios, en suma, en la estructura del sistema económico y social que conocemos como capitalismo. Transformacio-nes que se manifiestan en la propiedad y en la estructura de las empresas, en la organización del trabajo y en las relaciones laborales.

El significado que se le atribuye popularmente al término deslocalización, en sentido estricto, es el cierre total o parcial de una empresa y su traslado al extranjero (Europa del Este, China o India). Es decir, transferencia de capacidades de producción de un enclave nacional a otro extranjero, con el fin de ampliar el mercado y de importar, para satisfacer el consumo nacional de bienes y servicios anteriormente producidos localmente.

Entre los factores que influyen en los procesos de deslocalización cabe destacar: a) la reducción de los costes de producción, sobre todo, los salariales; b) el deseo de penetrar en nuevos mercados más dinámicos, ante la atonía de la demanda interna en sus países de origen; c) el tipo de cambio de las monedas es, igualmente, un factor a tener en cuenta: la elevada cotización del euro, en la actualidad, puede estar incitando a determinadas empresas europeas a deslocalizar una parte de su producción y actividades para diversificar riesgos; d) el contexto, en un sentido amplio, suele contribuir, así mismo, como un factor decisivo: idioma, calidad de las infraestructuras y de los servicios públicos, calificación y formación de los trabajadores, leyes laborales y medioambientales, presión fiscal, etc.

Este fenómeno ha afectado hasta ahora a los sectores de la industria manufacturera, pero tiende a extenderse hacia los servicios apoyándose en las tecnologías de la información y de la comunicación que permiten el traslado de procesos administrativos a países con menores salarios. Ejemplo de ellos son los denominados call centers, de las empresas de telefonías, o las secciones de aplicaciones y tratamientos informáticos de estas mismas empresas, de las líneas aéreas o de los bancos. Este moderno tipo de deslocalización preocupa y sorprende más, ya que hasta ahora se pensaba que los servicios quedaban relativamente resguardados de la competencia internacional. El avance de las nuevas tecnologías de la información permite aislar las áreas de negocios que no están en relación directa con el suministro del servicio (labores administrativas) o que pueden realizarse a distancia, por vía telemática, y encargarlas a otras empresas del propio país o de otros (outsourcing), o simplemente, deslocalizarlas.

Los anuncios de cierres y traslados, totales o parciales, de fábricas y líneas de producción en diversos países europeos han situado en el centro de la preocupación de los trabajadores y también de los poderes públicos la problemática de las deslocalizaciones. No sólo por la pérdida de puestos de trabajo y la relativa desindustrialización que entrañan sino también por la presión, cuando no el chantaje, que comportan sobre los salarios y las condiciones de trabajos. En España los caso más significativos de deslocalización han sido los de Samsung, Gillette, Volkswagen, Lear, Mouliner, Panasonic, Galletas Fontanedas, Levi Straus, Phillips, Valeo, Sony, Delphi, Fagor.

Las deslocalizaciones, en general, tienen efectos negativos, pero también positivos. Tanto para los países pobres o en vías de desarrollos, receptores de las mismas, como para los países ricos o más desarrollados, emisores de tales transferencias de producción. A pesar de las consecuencias sociales negativas, que en términos de empleo y desindustrialización de determinados territorios suponen. Algunos economistas consideran que las deslocalizaciones son un mal necesario para las economías desarrolladas, que permite la supervivencia de las empresas y mantener un núcleo de trabajadores en el país de origen.

En cuanto a los países emergentes, gracias a las deslocalizaciones pueden modernizar su aparato productivo y adquirir un saber hacer industrial y de servicio. Este es un proceso que conocemos muy bien en España, ya que durante las décadas de los 60 y 70 se adquiere uno de los mayores índices de internalización de su tejido productivo. Esta pérdida de capacidad industrial producida por la deslocalización en Europa, ha puesto en evidencia la debilidad de la política industrial europea, considerada durante muchos años como un factor innecesario, lo que ha redundado en la pérdida de productividad y competitividad de las economías europeas.

Los significativos casos de deslocalización empresarial, de éxodo de empresas que se han producido en España en la última década, especialmente en Cataluña y su extensión a otras regiones, están provocando una cierta inquietud sobre la capacidad de su tejido productivo para competir en un contexto globalizado.

Esta inquietud se centra, por una parte, en las consecuencias de su diferencial con la Unión Europea (UE) en relación a los factores que marcan el potencial competitivo de un país. Por otra parte preocupa, especialmente, la competencia de los nuevos países miembros de la UE, es decir, de la Europa del Este. Éstos se incorporaron en el año 2004 y 2007 y presentan índices que indican un potencial industrial en rápido progreso que les convierte en claros competidores de los productos industriales españoles.

Las mayores diferencias que presenta la economía española, respecto a lo que son los valores medios de la UE, se encuentran en el stock de capital público, de capital tecnológico y de capital humano. España gasta en I+D en relación con el PIB, la mitad que la UE (0,9 frente al 1,9), y muy por debajo de EE.UU. (2,8), Corea del Sur (3,0), Finlandia (3,4) o Suecia (3,4). El número de investigadores por cada 1.000 empleos en España es de cinco, es igualmente inferior a la media europea (5,8) y muy alejado de Francia (7,1), EE.UU. (8,6), Suecia (10,8) o Finlandia (15,8). El diferencial en patentes es también enorme (menos de una sexta parte de la media comunitaria). La inversión en educación es del 4,4 % del PIB, porcentaje bajo si lo comparamos con la media comunitaria (5,1 %,) y muy alejado de países como Francia (5,8 %). Estas diferencias en la estructura productiva puede explicar el retraso creciente que España viene acumulando en términos de productividad y competitividad.

Por tanto, el proceso de globalización versus deslocalización, obliga a las economías occidentales o desarrolladas, en especial a España, a mejorar y perfeccionar su estructura productiva para ganar productividad para hacer frente a las economías emergentes del siglo XXI (India y China).


Informaria SL Grupo de comunicación fundado en 1996