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Que no comprendo por qué, cada vez que tengo que acercarme a una ventanilla de la administración, con cierta frecuencia, acabo en bronca. Y no es que yo quiera la bronca, es que cuando no es uno es otro papel, el que el funcionario de turno me pide, y siempre aciertan a que no lo llevo, o que piden el original cuando es fotocopia lo que tengo... pero sin previamente informarme de lo que tengo que llevar. Asà es que agarro unos cabreos -perdona la palabra- de padre y señor mió.
Asà se explicaba mi amigo Don Contradictorio cuando le pregunté sus relaciones con la Administración. Y es que de "todo hay en la viña del Señor", aunque no debiera ser asÃ, especialmente en los funcionarios que se relaciona con el público. Añadamos que "el público" tan bien debiera poner de su parte, y puede poner mucho, para que las relaciones sean las que deben existir, entre personas cuyo deseo es resolver pos problemas que se tengan que resolver con la Administración.
Por supuesto que en la Administración hay normas y reglamentos que cumplir, y el primer deber de los funcionarios es hacerlos cumplir, porque de lo contrario las relaciones y las actividades administrativas, serÃan un verdadero caos. Pero aunque quizá no esté por escrito, el primer deber de un funcionario es el de servir a que la función pública se cumpla y para ello es necesario que se doten de la paciencia necesaria para explicar al ciudadano ignorante -al que deben servir- lo que tiene que cumplir. Es evidente que ésta no es una función fácil, porque ciudadanos hay para todos los gustos, pero es también absolutamente necesaria que el funcionario la tenga muy presente. Este principio es aplicable a una pequeña parte de los funcionarios, porque es una pequeña parte de los mismos, los que se relaciona con el público.
Hay otros que, desde mi punto de vista, tiene una importantÃsima misión: los que atienden las quejas del público. Esta es una actividad importantÃsima. Yo designarÃa a los funcionarios más inteligentes y mejor preparados. Y esto por una razón sencilla. Si queremos que un sistema funcione bien, tenemos que corregir los errores que comete en su funcionamiento. Por ello, toda fuente que nos informe de esos errores, debe ser tenida en cuenta, prioritariamente, aunque lo que nos diga esas fuentes, sea parcial. Nuestra capacidad y conocimientos, deben servirnos para aprovechar lo verdadero, auténtico, que contenga y corregir el error en el funcionamiento. Es éste un principio básico que nos enseña la sistémica, el principio de la realimentación, que ha estado en la base de la ecolición de las especies vivas.
- Bueno no me vengas tu ahora con tus teorÃas, que te escuchaba atentamente, porque me parecÃa que me dabas la razón, y ahora me sales con la evolución de los seres vivos, como si fueses pariente de ese Darwin -me interrumpió groseramente mi amigo.
- Lo lamento, pero insisto en lo que he dicho. Las quejas deben de ser analizadas con todo cuidado y deben de hacerse llegar a las más altas instancias, para que sean conscientes de los errores que se cometen al actuar de cara al público. Los errores se manifiestan en las crÃticas, por desgracia hay muy poca costumbre de analizar las crÃticas, en las que siempre hay algo de verdad, que es básico para ir mejorando el funcionamiento del sistema, objetivo común de los funcionarios y del público. Perdona que insista, eso está en la base de la evolución de la naturaleza, ha sido y es la base desde hace millones de años.
- Pero entonces -me dijo Don Contradictorio- no existÃan funcionarios, asà es que no veo por qué lo dices.
- No, funcionarios no existÃan, pero existÃan sistemas, y hoy de lo que se trata es de la mejora del funcionamiento de los sistemas administrativos.
