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    Leonardo Da Vinci

Nuevos rumbos para la economía andaluza

Puntuación

 

Tanto en el balance de 2007 como en las perspectivas para 2008, muchos son los factores del momento actual que han de tenerse en cuenta en Andalucía. Y no todos de índole necesariamente económica: la comunidad estrena Estatuto de Autonomía; finaliza una legislatura que ha devuelto la normalidad a nuestra relación con el conjunto del Estado; se abre un nuevo marco financiero europeo tras el cual -en 2013- Andalucía dejará de ser región receptora de solidaridad y, en fin, también se vislumbra un escenario económico internacional que se presenta más complicado que en otros ejercicios.

Comenzando por este último punto, y como contraste, habría que matizar que no será la primera vez que, en los últimos catorce años de crecimiento ininterrumpido, Andalucía se enfrente a una coyuntura desfavorable en el entorno sin que por ello haya dejado de crear riqueza y empleo en términos considerablemente superiores a los promedios nacional y europeo. Las crisis ya no nos afectan tanto, de igual modo que los periodos expansivos no se traducen en "explosivos". Crecemos a una buena velocidad de crucero -siempre por encima del 3%- pero equilibradamente, sin altibajos llamativos, con un excelente clima social, con estabilidad política y sin que, gracias al mayor grado de diversificación, tampoco mostremos ya dependencia excesiva por sectores concretos.

Así lo reflejan los principales indicadores, que, un año más, vuelven a apuntar a la normalidad y a la continuidad del ciclo iniciado a mediados de los 90. Por un lado, Andalucía afronta 2008 con una previsión de crecimiento del PIB del 3,4%, que permitirá generar más de 110.000 empleos en términos EPA. Por el otro, se cierra una legislatura sin duda histórica en la que se han superado con creces todas las previsiones iniciales: el 76% de la renta media por habitante de la Unión Europea (frente al 57,4% del año 2000); 3,2 millones de ocupados; más de 70.000 empresas constituidas; 591.500 puestos de trabajo creados... Esta última cifra, por cierto, supera a la del empleo generado durante el mismo periodo en 22 de los 27 países de la Unión Europea, además de presentar el matiz altamente significativo de un crecimiento del 26% en la ocupación femenina (casi el doble que la masculina) que ha hecho descender en siete puntos la tasa de paro entre las mujeres.

Al contrario que en épocas pasadas, esta creación de riqueza y empleo puede también apreciarse en términos de diversificación, internacionalización e innovación: el tejido productivo ha ganado en complejidad, ya no se depende tanto del turismo o de la industria agroalimentaria. Tampoco de la construcción o no tanto, al menos, como apuntan ciertos análisis tan exagerados como interesados. Y el dinamismo alcanza a todos los sectores, con un importante desarrollo -inimaginable hace unos años- en ámbitos como los de las energías renovables, el biotecnológico o el aeronáutico.

A todo ello hay que añadir algún que otro "pequeño detalle". Político, sí, pero de indudable trascendencia económica: desde 2005, el actual Gobierno de España ha aumentado cada año las inversiones en Andalucía más del doble respecto al incremento que el Ejecutivo del PP aplicó en cada uno de sus ejercicios entre 1996 y 2004. ¿Trato de favor? Ni mucho menos: Andalucía recibe ahora justo lo que le corresponde por su peso demográfico, territorial y económico. El fin de estas anomalías en cuanto a inversiones estatales y discriminación en la financiación autonómica también ha influido lo suyo sobre los buenos resultados de la legislatura que ahora se cierra.

Los indicadores y las previsiones hablan, pues, de normalidad, de equilibrio, de continuidad de la convergencia y de fortaleza estructural para hacer frente a coyunturas adversas en el plano internacional. Pero el momento actual, como apunté al principio, también se define por dos hechos que claramente apuntan a un tiempo de transición o, directamente, a la apertura de una nueva etapa: la aprobación del nuevo Estatuto de Autonomía y la entrada en la recta final del proceso de convergencia con Europa.

Andalucía seguirá siendo hasta 2013 región beneficiaria de fondos estructurales europeos; para ser exactos, 14.024 millones de euros. Lo seguirá siendo, todo hay que decirlo, gracias a la buena negociación realizada por el Gobierno de España, pues, si bien es cierto que ya en 2005 se superó la barrera del 75% de la renta media por habitante de la Unión, tampoco resulta difícil imaginar el desastroso efecto que hubiese tenido una interrupción brusca de estos recursos externos que, no se olvide, la comunidad ha rentabilizado al máximo: de las 78 regiones que eran Objetivo 1 en 1995, Andalucía ha sido la segunda que más ha reducido su diferencial; nuestro PIB se ha duplicado en los últimos nueve años, mientras que la Zona Euro ha necesitado 17 para conseguirlo. En cualquier caso, 2013 será el último año y a partir de ahí Andalucía se enfrentará de lleno a los mismos retos que los países más avanzados de la Unión.

La coincidencia entre el inicio de este "fin de trayecto" europeo y la ratificación del nuevo Estatuto de Autonomía hace bien patente que entramos de lleno en un nuevo escenario. En lo económico, Andalucía podrá llegar en estos siete años a no depender de los fondos estructurales si continúa con la actual dinámica de más inversión, más ahorro, menor endeudamiento y menor presión fiscal. Seguimos aspirando a crear riqueza y empleo: para el horizonte del 2013, el Gobierno andaluz, a través de su Estrategia para la Competitividad, plantea como objetivos básicos mantener el crecimiento del PIB por encima del 3% anual y rebajar la tasa de paro hasta el 8,7%. Pero es evidente que los nuevos desafíos requieren plantearse algo más que metas cuantitativas. Sin renunciar a ellas, está claro que los esfuerzos han de dirigirse, cada vez más, a lo cualitativo: cómo repartir la riqueza generada y cómo garantizar su continuidad. Dicho de otro modo: cómo avanzar en igualdad, en empleo de calidad y en innovación.

Sin estas tres premisas, ampliamente recogidas en el nuevo Estatuto de Autonomía, poco pueden decir los buenos resultados macroeconómicos. Por fortuna, la economía andaluza se encuentra ya en disposición de poder asumirlas. Y el Gobierno andaluz, de contribuir a ello con un decidido compromiso: durante esta legislatura se han duplicado los recursos financieros autonómicos dirigidos a I+D+I; el apoyo al tejido empresarial ha crecido en un 54% y, en el ámbito de la igualdad, las políticas sociales absorben ya dos terceras partes del aumento del presupuesto de la Junta para 2008. Son estos otros objetivos los que sin duda marcarán los nuevos rumbos de nuestra convergencia y, a la postre, llenarán de sentido el esfuerzo realizado.

Informaria SL Grupo de comunicación fundado en 1996