• La sabiduría consiste en saber cuál es el siguiente paso; la virtud, en llevarlo a cabo.
    David Starr Jordan

El destrozo educativo (III)

Puntuación
Miguel Fernandez de los Ronderos

 

Durante las últimas semanas se han publicado multitud de artículos y reflexiones con motivo del reciente - y desalentador - Informe PISA, en el que queda de manifiesto, una vez más, que los españoles figuramos entre los más incultos de la OCDE, sobre todo en lo que se refiere a la comprensión lectora, aunque a decir verdad, la evaluación de nuestro sistema educativo no debe depender exclusivamente de informes, por muy solventes que estos sean; además, hay que tomar en consideración en qué condiciones se desarrolla la actividad docente en las aulas. Lo que sí llama la atención es la reacción de las autoridades académicas, que,  lejos de reconocer el fracaso de una política que lleva haciendo agua - y en esto coincidimos muchos - desde la Ley General de Educación, a la que sucedieron otras, y todas intentando paliar los defectos de las anteriores, con una sensación de permanente improvisación y la consiguiente inestabilidad del sistema, nuestras autoridades, repito, se han aferrado al clavo ardiendo de la "situación heredada", del "contexto socioeconómico familiar" o de la "escasa preparación cultural de las clases más desfavorecidas", intentando así eludir su responsabilidad en una gestión desafortunada, impulsada, en buena medida, por "desertores de la tiza" y de la cual, por cierto, con datos en la mano, no está exento de culpa ningún gobierno, ya sea el actual o los que le han precedido.

Construir esta especie de tramoya para consumo de crédulos e incondicionales requiere el concurso de argumentos manidos y  medias verdades, de eso que Ortega y Gasset calificaba de "quincalla", en donde se destacan logros evidentes - existen centros que funcionan razonablemente bien  - pero se silencian o se minimizan situaciones de extrema violencia y tensión: "Se trata de hechos puntuales" (debería decirse aislados o concretos) argumentan al socaire de esa "capa que todo lo tapa" en la que se han convertido los porcentajes ("es sólo el x% ..."), capaces de afirmar una cosa y la contraria, dependiendo del enfoque político del observador.  Desde un punto de vista objetivo no se puede poner en duda el gran esfuerzo realizado en el terreno de las infraestructuras, con cuantiosas inversiones y la consiguiente aportación de recursos materiales, lo que ha supuesto la creación de colegios e institutos, la ampliación de la oferta a la educación infantil, el aumento del personal  docente o la reducción de las tasas de analfabetismo.

Pero no es esa la cuestión esencial, pues está la otra cara de la moneda: docentes presa del desaliento, expuestos a la confrontación y a la depresión (a propósito: ¿se conocerán algún día, con la transparencia exigible, el número de bajas laborales por tal motivo en la enseñanza pública?); profesores (y profesoras, ¡atención al lenguaje sexista; podríamos ser severamente reconvenidos!) acosados/as por padres (y madres) chulescos/as y agresivos/as; niñatos/tas desvergonzados/as; enseñantes (como gustan de llamarles algunos) que se sienten abandonados a su suerte (a su mala suerte, habría que añadir) por una legislación laxa y una Administración permisiva y timorata, siempre dispuesta a hallar atenuantes, cuando no eximentes, en conductas oprobiosas y actitudes humillantes que se considerarían intolerables en cualquier otro ámbito de la vida civil.

Varias décadas de dedicación a la enseñanza, pública y privada, me otorgan la experiencia suficiente para señalar algunas de las causas que  han dado lugar a este presente mediocre, de indudable repercusión en la formación de nuestros estudiantes.

Uno de los argumentos que se invocan como causa probable de esta crisis consiste en atribuir a la ignorancia de nuestros antepasados más próximos la incultura y falta de motivación de sus hijos. Nada más incierto. Los padres de generaciones anteriores se sacrificaban hasta límites inimaginables a fin de proporcionar estudios a sus hijos, ya que ellos - trabajadores de sol a sol - apenas si habían tenido acceso a conocimientos elementales. De semejantes padres surgieron médicos, ingenieros, catedráticos, juristas, investigadores... pero también ciudadanos responsables en quienes se habían inculcado el valor del esfuerzo, el amor a la tarea bien hecha (más de una vez reveladora de una vocación profesional oculta) y, por encima de todo, - y este es el eje fundamental de la cuestión - el respeto hacia sus maestros, que contaban así con el respaldo de los padres. Haber despojado a aquellos de su autoridad, aparte de no evitar posibles arbitrariedades que, por lo demás, siempre han existido y existirán, ha supuesto un primer paso sin retorno, pues debilitada o ausente la disciplina (aunque haya quienes no lo admitan en público), carentes los profesores de apoyo social e institucional, ¿cómo pueden esperarse y, menos aún, exigirse resultados dignos? Pero esto será tema de un próximo análisis.

agendaempresa@agendaempresa.com

Informaria SL Grupo de comunicación fundado en 1996