La buena marcha de las cuentas públicas, que es uno de los principales activos de la legislatura socialista, no tanto por el control del gasto, que ha crecido año tras año en el entorno del 7%-8%, más del doble que en los ocho ejercicios anteriores, sino por el fuerte aumento de la recaudación, puede peligrar a partir del próximo año.
En los últimos meses, y con unas elecciones a la vuelta de la esquina, el presidente del Gobierno y alguno de los ministros de su gabinete se han sacado de la chistera subvenciones a fondo perdido que costarán a las arcas públicas cerca de 3.000 millones de euros. Si a esto unimos los compromisos de inversiones para pagar apoyos parlamentarios, y el efecto de la desviación de la inflación, la factura supera los 5.200 millones de euros.
Ahí está el cheque-bebé,que el presidente Zapatero impuso a Solbes, y que costará al Estado unos 1.000 millones de euros en 2008, según prevé el Presupuesto. El propio vicepresidente económico reconoció que se enteró sólo dos días antes del anuncio de Zapatero en el discurso de investidura. Y también fue claro al reconocer que no tuvo mucho que decir al respecto porque «el jefe es el jefe».