La Comisión Europea echó ayer un jarro de agua fría sobre la economía española al anunciar que la construcción se reducirá en un tercio en los próximos tres años. Esto supondrá que, de cumplirse este mal augurio, los 2.620.000 trabajadores que se emplean en este sector se quedarán reducidos a dos tercios, lo que supondrá la pérdida de alrededor de 873.000 empleos.
En términos de Producto Interior Bruto (PIB) español, cifrado en alrededor de un billón de euros y teniendo en cuenta que la construcción supone cerca del 18%, la contracción será de 60.000 millones de euros.
El panorama que describió ayer el comisario europeo de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, para España, en el marco de las previsiones macroeconómicas de primavera, no fue nada positivo ya que este año crecerá un 2,2%, una décima menos que la previsión realizada por el Gobierno español el viernes, y en 2009 rebajó el crecimiento a tan sólo el 1,8%, cinco décimas menos de lo que prevé Moncloa.
La razón de esta fuerte contracción de la actividad económica (en 2007 creció un 3,8%) está, según Bruselas, en el enfriamiento del consumo privado y la contracción de la vivienda. Según la CE la situación de la vivienda empezó a empeorar ya en 2006, cuando la facilidad para acceder a los préstamos hipotecarios empezó a no ser tal, cosa que se acentuó en 2007 como consecuencia del endurecimiento de las condiciones de los préstamos por las turbulencias derivadas de las hipotecas «basura» de Estados Unidos y, en parte, también de Reino Unido.