En 2001, España destinaba a I+D el 0,9% de su PIB y ahora invierte el 1,2%, un "proceso de avance significativo" pero lejano aún de lo que invierten de media el resto de países desarrollados, explicó el presidente del comité de Ciencia y Tecnología de la OCDE, Luis Sanz.
La OCDE identifica varios retos en el sistema de innovación español, como superar la dispersión de la financiación pública de la investigación, el bajo impacto de la producción científica, la moderada innovación, la falta de movilidad de los investigadores y una débil coordinación de las políticas de innovación.