• Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.
    Alexei Tolstoi

Usted vs. Tú

sevilla redaccion ~ 09/02/2005
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Hoy en día no es infrecuente observar cómo al entrar en una tienda o en un restaurante nos reciben con un: “¡Hola chicos!”. Tratando de hacer memoria no paro hasta admitir que a ese señor que, tan familiarmente me habla como si fuésemos colegas de toda la vida y nos encontráramos cada domingo en la taberna, no lo conozco de nada.

Así planteado, este argumento puede resultar snob y pedante, pero nada más lejos de la realidad. Me explicaré. Si yo me dirijo a usted, señora o señor ignoto, con el que nunca he tratado y a quien no tengo el placer de conocer ¿qué piensa que es lo más lógico: hablarte como si fueras mi compi de clase o, por el contrario, mostrarle el respeto que merece por serme extraño? Una de las reglas básicas de urbanidad y cortesía argumentan que dos o más desconocidos nunca deben tutearse sin haber sido previamente presentados. Después, y sólo cuando hayan adquirido el grado de confianza suficiente, será el momento de decidir entre ambos si desean o no tutearse ¿De qué medidor nos valemos para fijar el nivel al que es deseable llegar? Ese medidor es nuestro propio apetito, la empatía que despertemos en nuestro interlocutor y la que él mismo, a su vez, proyecte sobre nosotros. Si conectan rápidamente y son personas con un carácter abierto enseguida convendrán en tutearse. Con todo, si su personalidad es más retraída y les gusta marcar mucho las distancias, deberá pasar más tiempo hasta alcanzar ese punto. Pese a ello, pueden encontrarse con personas cuya educación o costumbres les lleven a tratarles toda la vida de “usted” por mucha confianza que manifiesten.

Lo importante de todo esto es que aprendamos a recibir a un desconocido correctamente, a presentarnos ante alguien con el respeto que tanto él como usted mismo merecen y a tratar y que nos traten de igual modo.

Tal como argumenta el diplomático J. A. de Urbina, “El usted es la expresión de respeto a las personas. Debe usarse, además, como primer escalón del tratamiento a las personas”. Para aterrizar lo más oportunamente posible, veamos cómo este término ha de usarse en los siguientes procesos:

Cuando conozcamos a una persona de quien anteriormente no teníamos conocimiento, previa introducción o no. De forma particular si tienen más edad o están en un escalafón superior al nuestro.
Respeto a las jerarquías, esto es, jefes o personas de superior categoría.
Cuando hablemos con alguien de mismo nivel pero que no conozcamos.
Con las personas de inferior cota.
Al dirigirnos a personas que, por su laya o trabajo no tienen permitido el tuteo.

El momento para adoptar el tuteo es:
Cuando alcancemos ese lazo de unión suficiente para desear el cambio.
Con las personas de mayor rango jerárquico, cuando nos lo pidan encarecidamente. De este modo estaremos mostrando nuestro profundo respeto y evitaremos caras rojas.
A las personas con las que compartimos nivel podemos comenzar a tutearlas con brevedad. Generalmente, esta disposición se tiende favorable al acercamiento.
A las personas de inferior nivel, por ejemplo, un/a secretaria/o, es desaconsejable el tuteo por respeto y por evitar faltar a la disciplina.

Las personas a las que no se les tiene permitido el tuteo, sería una descortesía, a la vez que una falta de respeto, no tratarlas igual que ellas a nosotros. Cada vez es más frecuente pasar de lado esta regla, especialmente en los establecimientos, pero sepan que mantener el “usted” es del todo fulminante y acertado en este caso.

Saber tratar y ser tratado no supone denigrar o rebajar la naturaleza de otros seres humanos. Muy al contrario, presume un conocimiento del auténtico respeto por lo que son y la labor que desempeñan los demás, lo que jamás excusa el trato vejatorio o las respuestas inoportunas e hirientes.

Begoña Delgado Sánchez-Moreno. Directora de Dísora Protocolo y Comunicación

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