Tenemos sentencia del juicio del atentado del 11-M. Naturalmente no contesta todas las preguntas, pero el tribunal ha hecho su trabajo y ha sentenciado sobre lo que podía probarse hasta ahora. Las reacciones no se han hecho esperar. La común a la mayoría de los ciudadanos es la de que una acción que tantos muertos y heridos produjo, que a tantas familias rompió, no tiene inductor claro. Autor intelectual de la masacre no hay. Y es como decirnos que se produjo por generación espontánea, y que cuatro “chalados”, la mayoría confidentes policiales, por cierto, montaron el sangriento esperpento. Es la gran incógnita que el juicio no ha logrado despejar.
Marín, el Presidente del Congreso, tuvo que advertir el otro día, durante un debate de otra índole, que aquello “no era una taberna”. Y no le faltaba razón, porque el patio político se está convirtiendo en eso. Y algo, como el resultado de esta sentencia, que nos deja como suspendido el aliento a los demás, a muchos políticos, sólo le sirve para lanzar cuatro confusos eslogan y así mantener despistado al personal y llevarse el ascua a su sardina. Así las declaraciones sobre la sentencia, han sido aprovechadas por algunos, pasando por encima del dolor de las víctimas, para parir laberintos confusos, con superficialidad, crispación, e inquina. Perlas como éstas han de quedarse escritas.
A José Blanco no se le ocurre sino comentar que “lo único que ha quedado claro tras la sentencia es que el autor intelectual del engaño masivo del 11-M es José Mª Aznar”. Y tras acusar al PP de que durante todo este tiempo “han querido confundirlo y enturbiarlo todo”, afirma que el que “Rajoy apoye otra investigación es tanto como decir que la sentencia no le vale”. Por su parte, desde las filas de la oposición podíamos oír que “el PSOE utilizó el atentado para ganar y ahora lo utiliza para no perder las próximas elecciones”, o que “la reacción del PSOE ante la sentencia ha sido histérica porque quizás esperaba otra cosa”. Y así siguen enzarzados. Se ve que hay alguien interesado en que la ceremonia de la confusión crezca y nos confunda a todos.
La madre de una de las víctimas, sin embargo, entra en otra apreciación distinta: “Se han reído de mi hijo muerto”; la AVT propone “que se siga investigando” y nosotros decimos que no se maree más la perdiz, que no se le dé carpetazo a lo que no se puede cerrar en falso. Que la sentencia puede aportarnos el descarte de quien no lo hizo, pero no nos aporta nada sobre quién pudo idearlo y ponerlo en marcha. Y alguien debió hacerlo. No es de conspirador, ni de descreído para con la justicia, pretender saberlo. Porque, en un crimen como éste no es cuestión baladí.
Esto no puede ser el fin, sino sólo el principio que nos puede conducir al fin.
Pepito Grillo

