El tema del agua está en el candelero. Un año seco que llevará a la ciudad de Barcelona y a otros puntos de España serias dificultades de abastecimiento ponen el dedo en la llaga. Una llaga que no ha logrado cicatrizarse desde que se aboliera el Plan Hidrológico Nacional y se propusieran otras opciones que tampoco se han ido cumpliendo en la anterior legislatura. Al final una ceremonia de la confusión, de dimes y diretes y de donde dije digo ahora digo diego, que tiene mareados a los españoles. La necesidad de Barcelona es real y seria. El agua no es un bien superfluo sino fundamental para la vida y con estas cosas es mejor no jugar. Nobleza obliga y solidaridad, desde luego, también. Pero a las claras, con luz y taquígrafos y sin juegos semánticos. Miguel Uribe, presidente de ASEMPAL, ha sido claro desde Almería y vale la pena transcribir sus declaraciones. “Por respeto a la legalidad, y para evitar cualquier utilización política, los empresarios decidimos no polemizar el eterno debate trasvases / desaladoras, o el transporte de agua en barco desde Almería a Cataluña, pero nos parece inaceptable que se tome esta solución ahora para Cataluña cuando Almería está en esa situación desde hace diez años de forma permanente. Por mucho que desde el Gobierno se diga que esto es un ‘banco público de agua’ y que se va a comprar el agua a los regantes de la zona, la tubería será permanente y se puede decir que es un trasvase del Ebro encubierto”. Y añadió: “no estamos en contra de que se satisfagan las necesidades de agua de ninguna región, si Cataluña necesita agua Almería les apoyará; lo que pedimos es que se atiendan por igual las necesidades hídricas de todas las comunidades autónomas o provincias deficitarias en recursos hídricos, sin obedecer a otro criterio que el interés público y no a motivaciones partidistas. Lo que es bueno para unos es bueno para todos y viceversa”. Convendría que se tomase nota de esto último y que pusiésemos cordura y seriedad en algo tan serio como es el abastecimiento de agua en España. Parece que recursos hay, repartirlos en igualdad de condiciones parece lo más sensato.


