IDEAS

Innovación y tecnología socialmente responsables

¿Por qué la aplicación de la innovación y la tecnología en los procesos, productos y servicios debe traducirse en progreso social?

Miguel Ángel Luque
Miguel Ángel Luque

No se trata de mostrar o demostrar que no hay crecimiento sostenido (ni sostenible) sin innovación y desarrollo tecnológico, porque ya lo formuló el gran economista Solow en su Ley de Crecimiento que, finalmente, y una vez se confirmó con datos reales dicha teoría, le valió el Premio Nobel en su especialidad. Trataremos de mostrar que, además, la aplicación de la innovación y la tecnología en los procesos, productos y servicios, debe traducirse en progreso social, puesto que las organizaciones que realizan dichas actividades deberían ser Socialmente Responsables.

Sabemos que es necesario innovar por cuatro razones principales:

–          Adecuarse continuamente al cambio en las necesidades y expectativas de nuestros clientes y usuarios

–          Adelantarse a la competencia con productos y servicios más competitivos (de más Valor)

–          Adaptarse a nuevas normas, leyes o directivas, tanto genéricas (medioambientales, por ejemplo), como específicas del sector donde actuamos.

–          Solucionar los problemas que surgen cada día en nuestras organizaciones (fallos de entrega de proveedores, errores de fabricación, empleados que enferman, y un largo etcétera).

Todas y cada una de estas razones pueden ejecutarse de manera puntual, individual y reactiva (reaccionando ante la competencia o los errores) o, como realmente debe hacerse, de manera continua, trabajando en equipo y proactivamente (adelantándose a los competidores y problemas). Es decir, de acuerdo con un Modelo de Gestión de la Innovación y de la Tecnología, que nos diga qué, quién, cuándo, cuánto y dónde hay que llevar a cabo cada una de estas actividades.

Asimismo, el resultado de la innovación para una organización debe traducirse en  aumento de valor y riqueza, aumento de productividad, aumento de empleo (no siempre a corto plazo, pero si a medio y largo plazo), y aumento de la fidelización de las personas y de la sostenibilidad (en el sentido de perdurabilidad de la organización).

Hasta aquí parece todo claro y, salvo matices, estaremos todos de acuerdo. El problema sobreviene cuando estos resultados de la innovación deben ser distribuidos. ¿Qué modelo tomamos para distribuir los beneficios (no solo económicos) de la innovación? Es decir, ¿quién o quiénes son los receptores de los beneficios de la innovación? Es aquí donde, a mi modo de entender, algunas organizaciones cometen los mayores errores, y es la principal causa de que algunas organizaciones terminen cerrando. Tal como suena.

Estamos de acuerdo también en que una empresa debe tener entre sus objetivos principales ganar dinero, tanto para retribuir a sus accionistas (que han invertido, con riesgo, precisamente para obtener retornos) como para invertir y que la empresa siga creciendo y capitalizándose. Pero, ¿debe primarse por encima de todo este concepto?¿Deben ser los accionistas los únicos beneficiarios? Rotundamente no. Y es aquí donde aparece el concepto de empresa u organización socialmente responsable. Hablamos de retornar equilibradamente a todos y cada uno de los Grupos de Interés de la organización, a los “stakeholders” que llaman los anglosajones.

No es una cuestión solo de responsabilidad social, de compromiso y buenas prácticas, es incluso una cuestión egoísta. Si durante un periodo de tiempo más o menos prolongado no se “retribuye” a uno de estos grupos de interés, la organización, la empresa, terminará cerrando.

Estamos hablando de al menos cinco categorías de beneficiarios de los resultados de la innovación, de cinco grupos de interés:

–          Los accionistas, socios o patronos, según el tipo de organización

–          Los proveedores y colaboradores habituales

–          Los clientes y usuarios

–          Las personas que trabajan en la organización

–          El entorno social

Cómo se retribuye a los accionistas está bastante claro: a través de los dividendos, lo que significa que la empresa debe tener beneficios. También una parte de estos beneficios deberán ir a reservas para garantizar la continuidad futura.

Pero, ¿cómo se “retribuye” a los proveedores y colaboradores habituales? También muy fácil: además de pagarles en un plazo razonable, realizando acuerdos de colaboración justos para ambos (no hay que empeñarse en ganar hasta el último euro, hay que ser honesto y generoso). Incorporándolos de verdad en tu proceso productivo haciéndoles participes de los éxitos y de los fracasos.

A los clientes y usuarios vendiendo a precios “razonables” y, trasladando el problema a que ahora somos nosotros los proveedores, llegando a acuerdos de mutua confianza con estos que permitan procesos duraderos en el tiempo.

A las personas que trabajan en nuestra organización ofreciendo salarios dignos y justos de acuerdo con el valor de cada uno y en función de los resultados de la empresa, disponiendo de un clima laboral que favorezca la creatividad, e implantando modelos de igualdad y de conciliación laboral.

Por último, al entorno (de una manera amplia) devolviendo a la sociedad parte de lo que nos da, ya sea desde el punto de vista medioambiental (con un buen tratamiento de las aguas, residuos, emisiones o consumo energético) o social, siendo activos e implicándonos en los problemas que afectan a nuestro municipio, ciudad, provincia o país (dependiendo de la dimensión de nuestra organización).

En el Instituto Andaluz de Tecnología (IAT), organización que celebra este año su veinticinco aniversario, se ha tratado desde su creación de contribuir a este ideario con el ejemplo, trasladando al plano real nuestros compromisos con nuestros grupos de interés; pero insisto, no por cuestiones altruistas, sino por pura supervivencia. Por eso llevamos veinticinco años comprometidos con todos ellos, porque hemos comprendido que  esta debe ser la “forma natural” de gestionar una organización, acompañando a nuestros grupos de interés en la mejora de sus resultados de manera sostenible y aportándoles valor mediante soluciones innovadores, tal y como se describe en nuestra Misión.

Asimismo, tanto en el nuevo Programa Marco de la Unión Europea (Horizonte 2020), como en la Estrategia Andaluza de Especialización Inteligente (RIS3 Andalucía), se recogen acciones sensibles ligadas a los retos sociales, como foco ineludible de los resultados positivos de la innovación y el desarrollo tecnológico.

Miguel A. Luque, director general del Instituto Andaluz de Tecnología