Vivimos tiempos que nunca imaginamos vivir. Habíamos domesticado nuestras tragedias cotidianas y, aunque no menos dolorosas, su condición predecible parecía apaciguar sus efectos. Habíamos construido entre todos una España y una Europa fuertes, capaces de afrontar y superar crisis políticas, sociales o económicas con razonable éxito, salvaguardando las necesidades básicas de los ciudadanos y acortando los periodos de declive. Habíamos levantado una sociedad del bienestar que, con sus déficits y sus desequilibrios, ofrecía sin embargo espacios de seguridad para todos. Ahora, todo eso nos parece en peligro. La pandemia que, por razones prioritarias de salud, nos ha obligado a atenuar la actividad económica hasta límites desconocidos en los tiempos recientes ha alterado gran parte de la estructura de ese edificio firme en el que habitábamos.

La ha alterado, pero no la ha destruido. Ni mucho menos ha destruido nuestra capacidad de reconstruirnos. La mejor noticia no es que hayamos sobrevivido. La mejor noticia es que estamos dispuestos a poner en pie la Andalucía que habíamos soñado. Que no renunciamos a nada, porque no hay motivos para hacerlo. El deterioro generado por esta crisis sin precedentes y las necesarias cautelas que debemos seguir manteniendo no van a ser un obstáculo insalvable para una sociedad, la andaluza, que justo antes de la pandemia había demostrado ser capaz de redirigir su destino hacia metas de progreso, equilibrio presupuestario y sostenibilidad.

El Gobierno andaluz tiene en este momento dos objetivos primordiales. El primero, garantizar una respuesta sanitaria capaz ante posibles rebrotes de la pandemia, una posibilidad que los expertos ya dan casi por segura. El segundo, pero no el secundario, ofrecer a los andaluces todas las facilidades para una recuperación económica que, si no podrá ser rápida, como mínimo sea sólida. Con esas dos finalidades, a lo largo de los últimos dos meses hemos adoptado decenas de medidas de muy diferente calado que, pienso, han tenido un efecto muy positivo en la contención de la pandemia en Andalucía y que han puesto los cimientos para la reactivación.

Nos estamos jugando el futuro, y puedo asegurar que no es una frase hecha. El Banco de España, en su último informe, vaticina una caída del PIB español de entre un 9,5 y un 12,4% en esta crisis. En términos de empleo, miles de puestos de trabajo desaparecidos. Y si no reaccionamos con rapidez y con diligencia, puede ser peor. El papel de la empresa va a ser fundamental en esta batalla, y por eso es básico reactivar las vías de colaboración entre la iniciativa pública y la privada en Andalucía, en tiempos recientes adormecidas por decisiones políticas que siempre consideré erróneas. Es el momento de apostar más que nunca por el diálogo social, y, en esa línea, estamos trabajando junto a los agentes sociales en un plan de activación económica que pronto verá la luz. No todos parecen haber entendido esta realidad, a juzgar por la abrupta decisión del Gobierno central de abolir la reforma laboral tras un vergonzante pacto con Bildu y a espaldas de los empresarios, despreciando los relevantes contenidos de flexibilidad que esa reforma introdujo y que ahora se revelan como imprescindibles para afrontar las consecuencias económicas y de empleo de esta pandemia.

Para ganar el futuro en juego, se hace vital remover cualquier obstáculo a la recuperación, y el primer paso en ese camino es la propia Administración. Con ese objetivo, llevamos al Parlamento y sacamos adelante el decreto ley de mejora y simplificación de trámites administrativos, con el que se derogan 27 leyes y normas que, a nuestro juicio, generan infinidad de trabas al desarrollo sostenible de Andalucía. El bienestar de los andaluces no puede esperar a que la burocracia mueva sus pesados engranajes. Es perentorio atraer inversión, reactivar el turismo y respaldar a las empresas que crean y mantienen empleo.

Es precisamente en este momento cuando Andalucía necesita más respaldo desde todas las instancias, y por eso resulta especialmente incomprensible el recurso judicial que el Gobierno central ha planteado a una parte de este decreto. La acción del Ejecutivo de Pedro Sánchez nos ha obligado a reconducir esta iniciativa, pero ni nos debilita en nuestro convencimiento de su utilidad ni nos va a hacer desfallecer en la determinación de sacarla adelante.

Con el mismo criterio básico de eliminación de burocracia, vamos a tramitar por la vía de urgencia la nueva Ley de Impulso para la Sostenibilidad del Territorio de Andalucía (LISTA), que erradica cargas innecesarias y aligera el marco normativo con la supresión parcial de 25 decretos o leyes. Este nuevo cauce permitirá que un PGOU se pueda tramitar en menos de dos años, cuando ahora se tarda diez. Una apuesta decidida por la regulación necesaria y útil, superando el lastre normativo que no aporta garantías sino que disuade de la actividad y el emprendimiento.

La gravedad de la situación nos obliga a atender necesidades urgentes para el mantenimiento de la actividad productiva, y con ese objetivo hemos acordado con la Sociedad de Garantía Recíproca de Andalucía, Garántia, una línea de liquidez de hasta 600 millones de euros a disposición de las pymes y autónomos andaluces. También es necesario atender sin demora necesidades sociales, y hemos movilizado 700 millones de euros en un Fondo de Emergencia Social y Económica.

De la misma manera, el Gobierno de Andalucía se ha comprometido con la recuperación de la actividad turística que, a nadie se le escapa, va a ser uno de los ámbitos más perjudicados por la pandemia. Vamos a bonificar a los andaluces que, cuando se den las condiciones sanitarias, elijan Andalucía como destino de sus vacaciones; crearemos un sello de calidad para significar a los establecimientos que destaquen por sus medidas de prevención sanitaria y hemos puesto en marcha una nueva clasificación hotelera que pondrá en marcha inversiones próximas a los 1.600 millones de euros, tanto en la creación de nueva planta hotelera como en la adaptación de la actual.

El virus nos ha frenado, pero no nos va a parar si estamos juntos. La Alianza por Andalucía que hemos puesto en marcha pretende precisamente movilizar toda la capacidad económica y social de Andalucía, pública y privada, social e institucional, es pos de ese objetivo común de superación y futuro que deseamos para todos. Nuestro potencial sigue intacto. El talento de los andaluces, también. A lo largo de la Historia, Andalucía ha demostrado una capacidad de recuperación colosal y una férrea voluntad de emprendimiento. Es el momento de volver a demostrarlo.

 

Juan Manuel Moreno Juanma Moreno WEB opinion

Presidente

Junta de Andalucía

 

Artículo incluido en la edición de junio de Agenda de la Empresa