Inés Mazuela Rosado Ines Mazuela WEB

Secretaria General de UPTA-A

@InesMazuelaRo

 

Cuando se cumple un año de la declaración del primer estado de alarma en España por la irrupción del coronavirus y en lo más alto de la tercera ola (y puede que a las puertas de una cuarta), empiezan a ser irreversibles las consecuencias en el colectivo de trabajadores y trabajadoras autónomos. Consecuencias negativas, muy negativas, ya que la fatiga pandémica en nosotros se traduce en pérdidas económicas que están haciendo insostenibles los negocios.

Ya lo veníamos anunciando desde que comenzara la primera desescalada, allá por el mes de junio, que el colectivo necesitaba un plan de rescate potente, consensuado y transversal, en el que todas las administraciones, en cada uno de sus ámbitos de competencia, estableciesen medidas que contrarrestasen los efectos de las inevitables medidas restrictivas de salud pública.

Al no haberse producido tal plan, a pesar de las innumerables reclamaciones realizadas por esta organización, las nefastas consecuencias se están empezando a notar porque ya no es posible aguantar más la persiana levantada. Y la situación actual con medidas “quirúrgicas” por municipios, es casi peor que un cierre total como el que se produjo en el confinamiento. Al menos Andalucía, se ha convertido en un mapa de “reinos de taifas” en el que ya uno no sabe qué se puede o no se puede hacer. Además, más allá de las capitales o grandes municipios, muy pocos negocios pueden sobrevivir al confinamiento perimetral, que restringe tanto la clientela. La ineficacia del sistema, lo hace insostenible.

Y los autónomos le han echado imaginación, se han reinventado demostrando una capacidad de adaptación y resiliencia encomiables, pero que no resulta suficiente porque el sistema implantado no lo permite. Reconocemos, por supuesto, la enorme dificultad legislativa, administrativa y sobre todo económica, a la que se enfrentan las administraciones ante esta situación, y el esfuerzo que están realizando, pero no podemos dejar de recordarles que erran en el tiro, convirtiendo la mayoría de las medidas adoptadas en meros “parches” cuando la herida necesita otro tipo de tratamiento mucho más elaborado.

Ni el Cese Extraordinario de Actividad, cuya nueva prórroga ha sido aprobada recientemente, y que ha sido el principal apoyo de la afiliación al sistema, ni las pírricas ayudas directas autonómicas, han sido suficientes durante el mes de enero para contener el desplome que ha sufrido la afiliación al RETA en el primer mes de 2021, que aunque en Andalucía ha sido menos notable, se ha llevado por delante nada menos que a 15.860 negocios. Y será peor en los meses sucesivos… si no hacemos algo ya, porque todos los sectores están afectados y llevamos un año, que se dice pronto, aguantando el tirón; pero la cuerda ya está deshilachada y comienza a romperse.

Aún podemos poner remedio. Coser, pegar, recomponer esa cuerda para mantener nuestro tejido productivo. A todos. A grandes y pequeños. Porque aunque nosotros estamos en el segundo grupo, y sostenemos la mayor parte de la economía, también necesitamos a los primeros para mantener los empleos que generan y que estos sean de calidad para que funcionen nuestros negocios.

Desgraciadamente, tendremos que seguir aún con medidas restrictivas para preservar la salud de todos, pero no podemos esperar. No hay tiempo. Ahora más que nunca, es necesario ese Plan de Rescate que incluya las medidas necesarias para la recuperación del mayor número de actividades económicas. Consensuado y transversal como hemos dicho antes, que dote al sistema de la seguridad necesaria para aguantar este último tirón hasta que las vacunas hagan su efecto.

 

Artículo incluido en la edición de marzo de Agenda de la Empresa