Hasta finales del siglo XIX existían en España en diferentes ciudades Madrid, Cádiz, Alicante y en concreto en Sevilla, fábricas de tabacos, en las que los trabajadores eran hombres y mujeres. A los hombres se les llamaba cigarreros y a las mujeres elaborantes.

En el año 1731, los cigarreros de Sevilla, mandan una queja al rey pidiendoles que intercediera en lo que les parecía una injusticia, las elaborantes de Cádiz (mujeres cigarreras) cobraban bastante más que ellos, siendo ellos hombres y con muchas más obligaciones que las mujeres……

El rey les contestó que se les pagaba exactamente igual por “mazo” de cigarros pero que las elaborantes de Cádiz  “ son más cuidadosas, trabajan con más pulcritud y menos desperdicios y su labor cunde más. Así obtienen más dinero por el mismo tiempo de trabajo”.

El trabajo de las mujeres cigarreras llegó a ser muy apreciado y solicitado, ellas mismas conseguían que la ampliación de personal fuera siempre de mujeres, obtenián un sueldo por encima de la media, que les permitía mantener una familia e incluso ocupaban los puestos de mandos de las fábricas, siendo los de menor categoría para los hombres.

Llegó a ser un tipo de mujer independiente con una economía holgada y en los tiempos que corrían eso ya era una proeza.

Fueron pioneras en el trabajo desde casa, lo instituyeron como solución a las mujeres que por edad o por cargas familiares no podían trasladarse hasta la fábrica, y así producían igualmente desde casa y como gran novedad, adaptaron una salas en la propia fábrica para lactancia y escuelas , de manera que las madres dejaban a los hijos antes de empezar su jornada de trabajo y los recogían cuando terminaban.

¿Quien entonces hablaba de conciliar familia y trabajo? Ellas lo hacían como forma natural, racional y sobre todo como necesidad para aportar sustento económico a la familia, nadie discutía otros aspectos, por lo obvio y necesario del tema.

Pero historias de cigarreras aparte , también ha habido otra actividad muy fructifera en Sevilla, siempre relacionada con la población femenina, los talleres de macramé, si macramé, han oido bien, esa técnica milenaria, traída de las civilaciones de Oriente, y que en España alcanzó su apogeo en los siglos XV, XVI y XVIII tras las cruzadas y que aún hoy en la actualidad existen talleres, la mayoría de mujeres, que siguen tejiendo con esta técnica, más como actividad de expansión que otra cosa.

Ambas actividades, de mujeres propiamente, hay que hacerlas saltar en el tiempo y trasladarlas al siglo XXI, donde estas técnicas artesanales siguen un hilo conductor como manera de sustento de algunas familias, y si son monoparentales, aún más, y donde la conciliación, la igualdad en sueldos y el reconocimiento en el trabajo, a veces se ha quedado un poco anclado en el pasado.

Si vemosla Sevilla actual, no desde el prisma de los reconocimientos políticos o sociales, aún hoy se sigue rindiendo tributo y homenaje a estas actividades, sí no se sorprendan, asociaciones de mujeres con estos fines entre sus objetivos, talleres de macramé, siguen siendo relevantes, supongo por lo paradojico del tema, más que por representatividad de la mujer sevillana actual , que muy lejos está de ocuparse en su gran masa social de ello.

La mujer actual de Sevilla de hoy, amén de honrar sus tradiciones, es una mujer que forma parte del tejido productivo de la ciudad, en todos los ordenes, la universidad, los despachos profesionales, la medicina, el periodismo, la empresa privada, los centros educativos……y así hasta un largo etc en el que dejaríamos mudo al más pintado que no logre ver que hoy hombres y mujeres forman parte de una sociedad competitiva por la situación de dificultad que atravesamos y que ambos han de tirar del carro de la familia, los hijos, los mayores, en igualdad de condiciones, sin atender a ser hombre y mujer y que con ello debemos reforzar los lazos que nos unen a otras generaciones de mujeres que hicieron otras cosas,  que a lo sumo tambien beneficiaron a la sociedad que les tocó vivir, pero que hoy no atienden a esos parámetros sociales, hoy se trabaja, se concilia, se vive de diferente manera que antes pero sobre todo más conscientemente de lo necesario de estas medidas.

Si seguimos en Sevilla dándole aire a tradiciones ancestrales, poco avanzaremos y no iremos a lo realmente acuciante en el plano real de la vida misma, con centenares de mujeres que trabajan y mucho, que están a cargo de la compleja y difícil tarea de dirección de entidades bancarias, donde se toma el pulso de la ciudad diariamente y se resuelven y se impulsan muchas iniciativas decisivas para el impulso y crecimiento de la ciudad.

Otras de estas mujeres de Sevilla, están desempeñando servicios profesionales en las areas de la abogacía, de la economía, barajando asuntos relevantes igualmente relacionados con empresas y particulares que a su vez conforman el tejido empresarial sevillano.

También las hay en la sanidad y  la educación trabajando codo a codo con nuestros hijos, con nuestros mayores y con todos los sevillanos contribuyendo al estado del bienestar de los mismos.

Por no hablar de las mujeres sevillanas implicadas en procesos altamente cualificados de proyectos de investigación o de procesos de innovación y mejora en las empresas, que aportan un alto grado de valor añadido a la mejora y competitividad de estas.

Así podríamos enumerar infinidad de casos de “cigarreras actuales” que no necesitan un reconocimiento en su día a día porque lo pelean sin esperar nada a cambio, pero que en la historia de Sevilla ojalá con el paso del tiempo se les atribuyan sus aportaciones porque no olvidemos que esas mujeres son madres de familias numerosas, que además llevan conciliando familia y trabajo durante años y  que aportan, sin saberlo, un altísimo valor a la demografía porque no hay crecimiento económico sin crecimiento de población, porque ha de haber personas capaces de trabajar y crear riqueza y demandar bienes de consumo.

Cuando la población envejece, cae el consumo y la inversión, crece el gasto en sanidad y en pensiones y por ende se dificulta el crecimiento económico, por ello que vivan las actuales cigarreras de Sevilla que con su buen hacer y trabajo tejen hilos conductores, a veces invisibles, pero altamente necesarios para sostener la ciudad.

 Mª EUGENIA SANCHEZ VALDAYO, Presidenta de Asociación Andaluza MUJER Y TRABAJO