IDEAS

La cultura del acuerdo

Llegamos a marzo, mes con el que se cierra el primer trimestre del año, y nos encontramos de nuevo inmersos en un proceso electoral redimensionado tras el anuncio de elecciones generales para el 28 de abril, que se suma a las municipales y europeas, y de buena parte de las Comunidades Autónomas, el 26 de mayo.

Se da la circunstancia, además, de que el nuevo Gobierno andaluz, surgido de los comicios del pasado dos de diciembre, apenas ha comenzado la legislatura y se encuentra elaborando los nuevos presupuestos de Andalucía.

Estamos pues, ante un escenario muy similar en lo político al de 2016, cuando durante diez meses, 314 días para ser exactos, desde el 20 de diciembre de 2015 hasta el 28 de octubre, España estuvo con un gobierno en funciones y unos presupuestos prorrogados.

Un período solo superado en la UE por Bélgica, ejemplo habitual -junto con Italia- de inestabilidad institucional.

Las evidencias nos dicen que hemos avanzado como sociedad al separar -objetivamente hablando- las interinidades políticas de la marcha de la economía. España creció en 2016 un 3,2 por ciento con un Gobierno en funciones. Un ejemplo que encaja en la “italianización” de nuestro país, de la que tanto se habló por entonces y de la que se vuelve a hablar ahora.

Sin embargo, creo que no hay que relativizar el hecho de que la debilidad política esté al margen de la marcha de la economía, porque una cosa es que la política económica del gobierno de la Nación esté condicionada -y cada día más integrada- por nuestra pertenencia a la UE y otra muy distinta, es el momento en el que se produce esa debilidad política y el ámbito en el que se desarrolla.

El ciclo cambia de sentido

Hace tres años, la economía española caminaba hacia la parte alta del ciclo con un entorno exterior favorable -más allá de los tipos de interés y de los precios energéticos, los célebres “vientos de cola”- y una política económica que, con sus luces y sombras, era bastante previsible.

En la actualidad, las condiciones son diferentes. La economía española mantiene un ritmo de crecimiento positivo pero se encuentra en un entorno de clara desaceleración en la UE donde sus principales economías (nuestros principales mercados), comenzando por la alemana, se encuentran sin el pulso adecuado.

Junto a lo anterior, la incertidumbre doméstica provocada por el modelo de los Presupuestos Generales del Estado en cuanto al mercado de trabajo y la fiscalidad empresarial no se ha despejado, ya que se encuentra a merced de los próximos resultados electorales, con el agravante del cambio súbito de escenario económico al que he hecho referencia: un crecimiento, como máximo, del dos por ciento. Un tercio menor que el más alto del ciclo.

Esta situación debería ser motivo de reflexión precisa y rigurosa por parte de las fuerzas políticas y entender que no es lo mismo el ámbito territorial del conjunto del país y la Administración Central, que los ámbitos de las Comunidades Autónomas y de las Corporaciones Locales.

La relación directa entre la influencia de lo público y las cuentas públicas -en su enunciado y en su ejecución- y los resultados económicos y empresariales es innegable. Por una parte, porque condicionan las oportunidades y las convierten en coste pasivo y relevante. Es el denominado “coste de oportunidad”, que, en un mundo como en el que vivimos, representa una penalización añadida (y sinceramente prescindible) al progreso y al desarrollo social que se construye desde el empleo que crean las empresas.

Por otra, porque las cuentas públicas tienen un efecto directo e indirecto en la actividad empresarial privada más allá del capítulo de las inversiones, y la parálisis de actividades, programas y medidas condicionan igualmente a una parte considerable del tejido empresarial también desde el lado de la Demanda.

A los empresarios no nos entusiasma estar sometidos constantemente a la inestabilidad institucional que provocan los procesos electorales. Es de sobra conocido que pedimos celeridad y determinación para llegar a acuerdos de gobierno tras las últimas elecciones en Andalucía. Nos congratulamos de que fuera así y esperamos contar con presupuestos andaluces cuanto antes.

Acuerdos de Gobierno

En esta misma línea, quisiera hacer un llamamiento a las fuerzas políticas para que lleguen a acuerdos de gobierno con idéntica rapidez tras las citas electorales de abril y mayo. En lo que respecta a Andalucía, los comicios nacionales y municipales influyen de manera indiscutible en la conformación de los presupuestos y la estabilidad y seguridad de las políticas económicas que finalmente se acaben proyectando en el conjunto de la Comunidad Autónoma.

Hemos entrado en una época en la que han desaparecido las mayorías de gobierno para dar paso a una nueva “cultura del acuerdo”, la cual, por cierto, se encuentra en el ADN de las organizaciones empresariales. El valor del diálogo como instrumento para negociar y acordar, es insuperable. Los Agentes Sociales tenemos una larguísima experiencia acerca de los beneficios que supone alcanzar acuerdos como elementos de estabilidad económica y seguridad jurídica con la que garantizar la cohesión de la sociedad. Si la acción política se imbuye de esta “cultura”, nuestro crecimiento potencial -mucho más allá de lo económico- superará cualquier coste de oportunidad.

 

Javier González de Lara | Presidente de la CEA

 

Artículo incluido en el número de marzo de la revista Agenda de la Empresa