Según el último informe de Perspectivas Económicas de la OCDE, publicado el pasado 10 de junio, la pandemia del coronavirus ha provocado la recesión económica más grave en casi un siglo. Durante el confinamiento, la actividad económica ha caído con intensidad en todos los países de la OCDE, las fronteras se han cerrado y el comercio se ha desplomado. En opinión de este organismo, mientras no haya una vacuna o tratamiento disponible, el distanciamiento físico y la estrategia de testear, localizar, seguir y aislar serán los principales instrumentos para controlar la propagación del virus. Esto es indispensable para que la actividad económica pueda reanudarse, aunque puede no ser suficiente para prevenir un segundo brote.

Como se señala en el informe, las políticas monetarias acomodaticias y la mayor deuda pública son necesarias mientras la actividad económica sea débil y el desempleo elevado, pero el gasto debe focalizarse en el apoyo a los más vulnerables y la inversión necesaria para transitar hacia una economía más sólida y un crecimiento sostenible a largo plazo. Asimismo, la solidez de la recuperación, tanto del consumo como de la inversión, depende de la confianza, y esta no se recuperará completamente sin cooperación global.

La OCDE ha optado por presentar en su informe dos escenarios posibles, algo inusual, debido al contexto de elevada incertidumbre. Uno en el que el virus se controla y el actual brote va remitiendo progresivamente y otro en el que se produciría un segundo brote mundial antes de finalizar 2020, aunque en ambos escenarios la actividad tardará un tiempo en volver a los niveles previos a la pandemia, tras una rápida recuperación inicial. De este modo, el descenso del Producto Interior Bruto (PIB) mundial en este año podría oscilar entre el 6% y el 7,6%. La contracción será especialmente intensa en la Zona Euro, dado que algunos países han sufrido confinamientos estrictos y relativamente prolongados (caso de Italia o España), mientras en EE. UU. y Japón será algo menor.

De confirmarse el escenario más adverso de un segundo brote, la economía española podría ser la que registre una mayor caída de la producción, que se aproximaría al 15%, según las previsiones de la OCDE. Esta estimación es muy similar a la señalada por el Banco de España en sus proyecciones macroeconómicas para 2020-2022, que apuntan a una contracción de la actividad del 15,1% en un escenario de riesgo más desfavorable y “de recuperación muy lenta”, que incluiría la posibilidad de episodios con repuntes sustanciales en el número de nuevas infecciones que requerirían confinamientos estrictos adicionales.

Sin embargo, bajo los dos escenarios alternativos que plantea en dichas proyecciones (recuperación temprana y recuperación gradual), la caída del PIB oscilaría entre el 9,0% (un descenso similar al previsto por el Gobierno) y el 11,6%, para repuntar en 2021 y 2022, si bien en el escenario de recuperación gradual el PIB sería todavía inferior al previo a la crisis. Tanto en uno como en otro, la incertidumbre sobre la evolución de la enfermedad frenará el gasto de hogares y empresas. Por otra parte, la tasa de paro aumentaría de forma significativa este año, superando en todo caso el 18%, en tanto que el déficit podría elevarse hasta el 9,5% del PIB en el escenario de recuperación temprana y el 11,2% en el de recuperación gradual, manteniéndose en niveles elevados en 2021 y 2022, pese a su reducción.

Algunos indicadores cualitativos han mejorado en el mes de mayo, aunque siguen reflejando importantes caídas, como es el caso del indicador compuesto adelantado de actividad de la OCDE o el índice PMI (índice de gestores de compras). Este último registró un significativo repunte, tanto en manufacturas como en servicios, si bien continúa en situación de contracción, tanto el global, como el de EE. UU. y la mayoría de los países de la Zona Euro. Sin embargo, el PMI compuesto de China se situó en zona de expansión, tras tres meses de contracción.

En el caso de la economía andaluza, las estimaciones más recientes de la Consejería de Economía de la Junta de Andalucía apuntan a una caída del PIB en este año del 10,4%, y un similar descenso del empleo (-10,3%). En esta línea, los indicadores publicados en las últimas semanas reflejan ya el fuerte impacto de la pandemia sobre la actividad y el empleo. El PIB experimentó una caída sin precedentes en el primer trimestre del año (-5,4% respecto al trimestre anterior), y el impacto será mucho mayor en el segundo, teniendo en cuenta que el estado de alarma entró en vigor el 15 de marzo.

Así, los datos disponibles para el segundo trimestre anticipan el desplome del consumo privado. Las ventas minoristas descendieron en abril más de un 30% en términos interanuales, con una caída superior al 50% en las ventas no alimentarias, y la matriculación de turismos se ha reducido más de un 65% desde marzo. Asimismo, y entre los indicadores relacionados con la inversión residencial, las compraventas de viviendas han disminuido casi un 40% en el mes de abril. Por su parte, en abril y mayo la actividad turística ha sido nula, y hasta mayo el número de viajeros alojados en establecimientos hoteleros de Andalucía se ha reducido en un 60,4% respecto al mismo periodo del pasado año (-61,6% en España). Del mismo modo, el número de afiliados a la Seguridad Social es un 6,1% inferior al de mayo de 2019, una caída superior a la media española (-4,6%), si bien los datos parecen mostrar una cierta estabilización.

 

Felisa Becerra Benítez Felisa-Becerra-web

Analistas Económicos de Andalucía

www.analistaseconomicos.com

 

Artículo incluido en la edición de julio-agosto de Agenda de la Empresa