Andalucía tiene una milenaria tradición exportadora. Recordemos la Ruta de la Plata, camino por el que este preciado mineral, emprendía el viaje a la capital del Imperio Romano. Pero pasados los siglos, vinieron otros productos: el cobre, etc.
Hoy, los vinos, el aceite, las hortalizas, las fresas, suman y siguen. Pero la industria no se ha quedado atrás y con ella las tecnologías de vanguardia, destacando las energías renovables que, desde Sevilla se han instalado por diferentes desiertos del mundo. Ahora bien, la actividad exportadora no es fácil. Es necesario tener productos y o empresas que sean capaces de competir en los mercados mundiales.
Es también necesario tener dosis importantes de modestia y estar dispuesto a aprender, aprender mucho, por lo tanto de ambientarse y asimilar profundamente la historia, las costumbres, la forma de ser de las gentes y la sociedad en la que se vaya a actuar. En todo ello una ayuda importante es la que pueden prestar las Cámaras de Españolas de Comercio instaladas en el extranjero, así como los consejeros o agregados comerciales de las diferentes embajadas. Estos serían mis consejos a los que se lancen a la oportuna, en estos tiempos, actividad exportadora.







