Cada vez más escuchamos en los discursos de distintos líderes palabras de optimismo que nos hacen pensar que la salida definitiva a esta crisis está algo más cerca. Atrás quedó la recesión para un Gobierno que ahora habla de crecimiento económico. En España es evidente que la recuperación de la actividad económica está -al menos- en marcha. Se advierten síntomas representativos que animan al consumo y que tiran del motor llamado ‘turismo’, el cual está actuando como mejor ‘vacuna’ para nuestra enferma economía. Así, incluso en comunidades como Andalucía también se habla ya de crecimiento económico. Según el nuevo informe ‘Loyola Economic Outlook’ (LEO) la comunidad andaluza crecerá por encima de la media de España, entre el 1,1-1,3%. No obstante, el propio estudio acentúa que en otoño volverá a crecer el paro en la región andaluza. El desempleo es, al igual que en España, la verdadera crisis que no se supera y que sitúa a Andalucía entre las comunidades de mayor paro de Europa. Ahí es donde el ciudadano debe encontrar razones para el optimismo. Para ello, es necesario que los agentes económicos y sociales decidan apostar claramente por crear mayor tejido industrial. Andalucía carece de industrias y eso es vital para atajar el desempleo. Porque de nada sirve tapar agujeros en el presente bajando como sea las cifras del paro para ganar elecciones o votos si no se ponen bases sólidas pensando en el mañana. Gilbert Keith decía: “El optimista cree en los demás y el pesimista sólo cree en sí mismo”. Dejemos de lado el egoísmo y tengamos claro que invertir en industrias es invertir en un futuro optimista.

José Santos

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