Esta crisis está suponiendo una reestructuración del sistema financiero que incide en las formas, en el tamaño y en la integración de los operadores del sistema. No sólo se ha producido la desamortización del sistema de cajas de ahorros, con una escondida usurpación de derechos políticos de la ciudadanía sobre el control de las mismas, sino que del pretendido proceso de integración del sector del ahorro de una manera escalonada se ha pasado a promover la “bancarización” forzosa de las entidades, que quedan en manos del sector privado.

 

Carmen Castilla
Carmen Castilla

Hay que destacar que las cooperativas de crédito han cogido el testigo de aquellas cajas de ahorro de hace años, prácticamente extinguidas, que realizaban una labor social impagable en el medio local y rural. La solidaridad, la proximidad, la racionalidad en sus planteamientos, son características de este sistema de banca cooperativa, teniendo siempre presentes que su finalidad es potenciar el desarrollo económico y social de su comunidad.

 

Uno de los principales efectos perversos del crack financiero está siendo la imposibilidad de acceso al crédito. Un acceso que se ha cortocircuitado en el caso de las familias, los autónomos, las empresas, con graves y perjudiciales resultados para el ciudadano de a pie, que es al fin y al cabo el que sufre las consecuencias de esta situación.

 

Esto viene como consecuencia clara de la gestión de ciertos agentes financieros. Especialmente en España, con un ahorro negativo durante todo el periodo de crecimiento, además de una excesiva dependencia de la construcción, una desbocada especulación y el estallido de la burbuja inmobiliaria. A esto hay que sumarle que el sector financiero español se encuentra inmerso en un profundo proceso de restructuración sectorial. Esto afecta a todos los grupos financieros y también, por supuesto a las cooperativas de crédito.  También es verdad que afecta en menor medida a las cajas de ahorro, por determinadas circunstancias, como puede ser por su menor presencia en el sector inmobiliario, por la prudencia que en mucho de los casos se ha tenido en su gestión o quizás, lo más importante, por no tener como un objetivo prioritario la expansión territorial. Porque su objetivo no ha sido basarse sólo en la rentabilidad. Ahí estaba la diferencia.

 

Por todo ello, las cajas rurales tienen una particularidad en su concepto, que no pueden ser tratadas como el resto. Existe el riesgo de que se tomen medidas globales con el sistema de cajas que no analice en detalle la situación del sector de cooperativas de crédito.

 

Para UGT Andalucía, un modelo de caja rural única a nivel nacional, como se propugna desde otras entidades, no encaja de ningún modo en los principios de banca cooperativa. Con ello se perdería el arraigo local, la capacidad de decisión y la implicación en el apoyo a proyectos de desarrollo económico locales, fundamental en este tipo de entidad. En definitiva, se perdería eso que las distingue, el tú a tú, el trato humano. Nos preocupa que se esté instando a realizar un proceso de bancarización de las cajas rurales al igual que se hizo en las cajas de ahorros. Para UGT esto sería un grave error, porque perjudicaría al conjunto de la sociedad, especialmente a las zonas rurales, al negocio de las propias entidades y a los 20.000 trabajadores y trabajadoras que ocupan el sector. En UGT Andalucía creemos que es imprescindible que se promueva el crédito y el acceso a liquidez al tejido empresarial andaluz, a las familias, a los emprendedores, a esas personas que quieren comenzar con su pequeña empresa, que se han quedado en el paro y que tienen como única salida el autoempleo, porque el mercado laboral les ha cerrado las puertas. Jóvenes, parados de larga duración, mujeres, inmigrantes..y para ello es fundamental fomentar las cooperativas de crédito como alternativa a la banca tradicional.

 

Abrir el grifo de los créditos es compatible con la posibilidad de desarrollar proyectos de inversión productiva que permitan impulsar la capacidad de creación de empleo y riqueza de las pymes y los autónomos, así como alcanzar mejoras en la solvencia y acceso al crédito de las familias.

 

Las cajas rurales, actualmente, son entidades cooperativas, viables y solidarias socialmente. Cumplen con su función de actividad financiera permitiendo la vertebración del territorio, llegando a todas las ciudades y pueblos, siendo determinantes de la evolución económica en los pequeños núcleos y personas del mundo rural, evitando el fenómeno de la exclusión financiera de los más débiles. Si se produce por “imperativo legal” esa reestructuración, se estará perdiendo el sentido de estas cajas, su contribución al crecimiento y desarrollo de los territorios en los que actúan, pasando a ser una banca diferente, un oligopolio que ya existe. Y lo más importante, es un sector que cuenta con unos 20.000 empleos directos, más los indirectos, que pueden desaparecer. Desde UGT Andalucía entendemos el desarrollo económico, no como un fin en sí mismo, sino como un instrumento dirigido al desarrollo humano, individual y social y en coherencia con ello, entendemos la actuación económica en el objetivo de la consecución del pleno empleo, la justa distribución de la riqueza y la mejora de la calidad de vida, en un contexto de desarrollo sostenible.

 

Las deficiencias estructurales de la economía andaluza, que generan bajos niveles de renta y empleo respecto a otras regiones europeas, requieren seguir avanzando hacia un modelo económico desarrollado y eficiente que atienda, cada día más, al conjunto de necesidades sociales y a las insuficiencias de que adolece el Estado de Bienestar de nuestra Comunidad Autónoma.

 

Carmen Castilla, secretaria general de UGT Andalucía