Vuelvo, amparado en la benevolencia de mis lectores, al tema -no por recurrente menos merecedor de consideración para quienes se ocupan (y se preocupan- del buen uso de nuestra lengua, asaeteada incluso desde instituciones que, dejándose influir por lo que se ha dado en llamar ‘lenguaje de la calle’ -discrepar es impopular- están dispuestas a admitir voces tales como murciégalo o, desafiando el sentido común, consideran prescindible la tilde en ‘sólo’, excepto ¿aclaran? si ello pudiera inducir a confusión, cuando esa es, precisamente, la razón de su uso.
Hoy, me permito comentar algunos ejemplos ‘trasvasados’ del inglés (causante inocente de tanto despropósito lingüístico), que tienen su origen, al parecer, en cierta anglomanía parlante y excluyente que nos hace parecer más cultos y de mejor familia si empleamos términos foráneos, en su mayoría mal interpretados y peor traducidos. Veamos: ‘domestic flights’, traducido por el aberrante ‘vuelos domésticos’, en lugar de ‘nacionales’ o ‘del interior’, o aquello de ‘liga doméstica’, anglicismos tan improcedentes como el detectado en una serie televisiva ambientada en la Andalucía de finales del siglo XIX, en donde los guionistas ponen en boca de los personajes expresiones absolutamente extemporáneas o inexistentes en la época, tales como ‘estar devastado por la noticia’ o ‘haberse pasado varios pueblos’. Acude a mi memoria, también, aquel reportaje que, con motivo del terremoto que asoló Murcia hace unos meses, aseguraba que “el edificio se colapsó”, sin caer en la cuenta de que, tanto en francés como en inglés, abundan palabras de traducción engañosa o ‘falsos amigos’ (algunos lingüistas sugieren llamarlos parónimos interlingüísticos) que, pese a su parecido morfológico, dan origen a interpretaciones disparatadas que evidencian escasa familiaridad con el diccionario. Es el caso de devastate (asolar; destruir; arruinar; devastar lugares), cuyo adjetivo, devastating, en sentido figurado se interpreta como completely destructive o, incluso, very good; atractive, por lo cual, nuestro personaje bien podría expresar un sentimiento de ‘desolación’, o bien sentirse ‘desolado’.
En cuanto a collapse, puede traducirse, tanto en sentido propio como en situaciones de gran tensión emocional, por ‘venirse abajo’; ‘hundirse’; ‘derrumbarse’; ‘desplomarse’, tal como podemos leer en el diario del capitán Scott, refiriéndose a uno de los heroicos miembros de la fallida expedición al Polo Sur: “A month later they had left the Pole, Evans collapsed”, por lo que ‘colapsar’ insisto, suena a pésimo anglicismo, al igual que sucede con eventually (finally; in the end;), tozudamente traducido como ‘eventualmente’, es decir, ‘incierta o casualmente’, en lugar de ‘con el tiempo’, ‘a la larga’, etc.
Sin embargo, el título que introduce el comentario de hoy se sitúa en un terreno bien distinto: el de la impropiedad del lenguaje, ya que éste se usa con propiedad cuando las palabras se emplean con el sentido que todos les reconocen y no con aquel que creamos que tiene – ‘anteojeras’ por ‘antiojeras’, o viceversa- como puede observarse en una información acerca de la celebración de la final de la Copa Davis en Sevilla, un acontecimiento (evento dicen los ‘postlogsianos’) del cual informó un prestigioso diario, en donde podía leerse que “la firma encargada del montaje de la cubierta y del propio graderío contempla la cubrición del recinto”. Estamos seguros de que, a estas alturas, más de un lector habrá descubierto que, en lugar de ‘cubrición’ (“acción y efecto de cubrir el macho a la hembra”, es decir, “juntarse el macho con la hembra para fecundarla”), el redactor se refería al ‘cubrimiento’ del recinto en cuestión. Todo ello nos advierte, una vez más, del riesgo de no estar alerta, dado que el error acecha tan pronto nos alejamos de diccionarios, manuales de estilo y demás elementos de consulta dignos de crédito, o bien confiamos en exceso en wikipedias para uso de incautos…







