La economía andaluza enfrenta el 2015 en una situación diferente a la de los años anteriores. En particular, por primera vez desde el inicio de la crisis, se han ligado varios trimestres de crecimiento y se espera que la recuperación se mantenga. Así, el PIB debería terminar el 2014 aumentando un 1,3% y el crecimiento podría acelerarse al 1,8% durante 2015. Lo anterior como consecuencia de varios factores que deberían apoyar a la demanda interna, y a pesar de diversos riesgos que se vislumbran hacia delante.

 

Empezando por el final, el mayor riesgo que enfrenta la economía andaluza es el virtual estancamiento en el que se encuentra su principal socio comercial: la UEM. De hecho, BBVA Research ha revisado a la baja su estimación de crecimiento para la UEM en 2015 desde aproximadamente el 2,0% hasta el 1,3%. En el pasado, una caída inesperada de un 1% en el PIB europeo se ha trasladado uno a uno al PIB andaluz. Por lo tanto, si la UEM entra en recesión, será imposible que la economía andaluza pueda mantener este entorno de crecimiento. Sin embargo, existen razones para pensar que se puede continuar mostrando un diferencial positivo respecto al resto de Europa. En primer lugar, porque ya se está observando esto: mientras que la UEM presenta un estancamiento, los últimos datos disponibles apuntan a que la economía andaluza estaría ligando ya 6 trimestres consecutivos de crecimiento y que en el 4T14 este se habría acelerado hacia niveles alrededor del 0,6%, alrededor de un 2,5% en términos anualizados. En segundo lugar, a pesar de dicho estancamiento en la UEM, las exportaciones de bienes están teniendo un comportamiento diferencialmente positivo y estarían creciendo por encima del 10%. Lo mismo sucede en el turismo, donde el comportamiento de los visitantes extranjeros ha sido particularmente positivo durante los últimos seis meses de 2014. Lo anterior es muestra de la competitividad que ha podido ir ganando la economía andaluza en un proceso que no ha podido ser replicado en otras áreas de la UEM.

 

Miguel-CardosoEn tercer lugar, por primera vez desde el inicio de la crisis, tendremos una combinación de políticas (monetaria y fiscal) consistentes con la situación cíclica de la economía andaluza. Uno de los primeros efectos de las acciones tomadas durante los últimos meses por el BCE ha sido el de la depreciación del euro. Así, se estima que un debilitamiento del euro frente al dólar de un 20% como el que se ha observado y que se espera se mantenga en 2015, añada entre 0,3 y 0,4% al PIB andaluz, como consecuencia tanto del impulso que dará a las exportaciones como al proceso de sustitución de importaciones por producción nacional.

 

Asimismo, uno de los principales obstáculos para la ganancia de competitividad en el pasado ha sido el elevado coste de financiación en España frente al de empresas en otros países europeos. Con un sistema financiero sin problemas de capital, que ha pasado por una evaluación escrupulosa de los activos y con inyecciones de liquidez importantes, debería observarse una reducción significativa de los tipos de interés y un aumento del crédito en la medida en que haya demanda solvente. Esto es precisamente lo que se está observando, particularmente en la financiación a pymes y hogares, donde las nuevas operaciones de crédito crecen a tasas del 14 y del 32% respectivamente.

 

Finalmente, la política fiscal pasará de tener un tono contractivo a uno entre neutral a expansivo. En particular se estima que mientras entre 2012 y 2013 fueron necesarias medidas equivalentes a un 7,5% del PIB para reducir el déficit de las AA.PP., en 2014 y 2015 la recuperación de la economía será suficiente para cumplir con los objetivos planteados. Lo anterior, incluso tomando en cuenta que el Gobierno ha planteado a nivel nacional una reducción del tipo medio del IRPF que añadiría hasta un 0,3% al PIB. En suma, existen razones para pensar en un desacople entre Andalucía y el resto de la UEM, siempre y cuando el estancamiento en Europa sea temporal. Sin embargo, hay que recordar que los desequilibrios acumulados antes y durante la crisis permanecen: por ejemplo, mientras el empleo cayó un 21% entre 2008 y 2013, la recuperación de la actividad en 2014 y 2015 apenas implicará la recuperación de un 18% del empleo perdido. Lo anterior debería mostrar la urgencia que existe por tratar de implementar las reformas necesarias que aceleren la recuperación.

 

Miguel Cardoso

Economista Jefe para España en BBVA Research