Esta mañana te habrás levantado y, en tu compañía, incluso en tu casa, segundo a segundo se habrá estado consumiendo energía y, por lo tanto, comprado ésta a un precio. Al ir a desayunar, se habrá seguido con la actividad de compra, a otro precio -si el contrato es indexado- o al mismo -si el pacto con la comercializadora, fue así- . Al terminar el día, habrá habido veinticuatro precios diferentes o, dependiendo de los periodos, tantos como sean éstos -nos referimos a la opción a precio fijo-, y siempre dentro del apartado eléctrico.
Antes de 1997, la cuestión era muy distinta, ya que los ámbitos de comercialización y distribución estaban unidos y eran las empresas distribuidoras, únicas en sus respectivas zonas de influencia, las que ofrecían un contrato sin posibilidad de elección. Fue con la denominada ley del sector eléctrico de 1997, cuando se comienza con el proceso de liberalización, culminando éste con la desaparición de las llamadas tarifas de baja tensión, en julio de 2009. De manera paralela a esta liberación, se crea el Operador del Mercado Eléctrico, cuya organización se plasma legislativamente con un mes de desfase -Decreto 2019/1997, de 26 de diciembre-. Es capital comprender esta herramienta, ya que por primera vez existía una referencia común entre los tres grandes protagonistas de la lonja de electricidad en España, tan importante en nuestras vidas, ya que la factura de electricidad ocupa el cuarto lugar, por nivel de importancia, en los gastos familiares; después del coche o hipoteca y la cesta de la compra. Es a partir de aquí cuando las grandes empresas comienzan a cuestionarse la estrategia de compra de energía: precio fijo, indexado o, si puede ser, una mezcla de ambos: técnicamente estamos hablando de ir indexado al pool con posibilidad de realizar coberturas en el mercado de futuros.
Por su parte, el mercado del gas tuvo una fecha clave en su proceso de apertura: 1 julio de 2008 como último día para que todos los suministros estuvieran en el denominado mercado libre. Dicho esto, hemos de tener en cuenta que, debido a las características de la materia prima, la evolución en lo que a comercialización se refiere ha sido muy distinta, si lo comparamos con el ámbito eléctrico. Mientras que en este último y, dado que la mayoría de los kilovatios hora se producen en suelo nacional, fue relativamente fácil su organización al primero, todavía le queda una última parada.
Para el gas ha sido muy diferente, ya que esta materia prima procede casi en su totalidad del exterior, según se desprende de los datos para el año 2014: importamos 384.002 Gwh. De esta cantidad, el 46,89% vino a través de barco, y el resto por “tubo”, frente a los 268,90 Gwh que se produjeron. Los países de origen son muy diversos: Argelia y Libia, principalmente a través de gaseoducto; países nórdicos, africanos y sudamericanos son lo que nos ayudan con el Gas Natural Licuado (GNL). Llegados hasta aquí, hemos de decir que las diferentes comercializadoras de esta energía, hasta ahora, han actuado sin aparente nexo de unión. Es decir, cada una de ellas ha establecido su propia política comercial elegiendo a los proveedores internacionales más apropiados en cada momento, y vendiendo a los consumidores a un precio, fijo o indexado a cualquier parámetro: Brent (601), Brent (603), Fuel 1%, Gasóleo 0,1%, así como al tipo de cambio, TC (101), o, TC (303), cuando lo han decidido -decimos bien, ya que, ha habido veces que ante la petición de oferta, la respuesta ha sido, “para el segundo semestre, no tenemos gas”-.
De todo lo anterior se desprende que la cuestión de establecer un escenario común, al igual que en su día se hiciera para el sector eléctrico, no es tarea fácil pero, a la vez, no es difícil caer en la cuenta de que supondrá un gran avance en la agilidad, fluidez y transparencia de un sector vital para la mejora de la competitividad de las empresas. Estamos ante una nueva oportunidad de comprimir la cuenta de resultados de las empresas. La creación de un mercado mayorista del gas en España, a través de la reforma de la Ley de Hidrocarburos, supondrá que productores -en nuestro caso importadores- comercializadoras y consumidores conozcan un dato sobre el que ejecutar sus opciones de compra y venta. Este hecho, sin duda, producirá una reactivación de la competencia y por ende una disminución de los costes de esta materia prima: que así sea –Alea Jacta Est-.
Antonio Aceituno
CEO Tempos Energía







