Durante los últimos años, muchas miradas han recaído sobre el papel de los empleados públicos en la sociedad. Agravadas por la crisis económica sufrida, las opiniones sobre su función en la sociedad y sobre sus condiciones laborales han sido, en muchos casos, furibundas, injustas y desproporcionadas. El común de los mortales, influenciado de manera vil por las palabras de algún político, ha criticado que los empleados públicos tengan un sueldo fijo, unas condiciones regladas por un Estatuto Básico y unas supuestas ventajas que, a fin de cuentas, ningún empleado público ve. Ni los funcionarios simplemente se dedican a leer el periódico ni a tomar café, ni tienen condiciones mejores ni un puesto fijo. En absoluto.
Y todas las acusaciones se han hecho, como digo, de manera injusta y desproporcionada, tomando la parte por el todo y acusando arbitrariamente a muchos y buenos profesionales de la mala praxis de algunos. Una mala praxis que no puede negarse ni obviarse, pero que existe en todas las profesiones. Sean de carácter público o privado. Unas acusaciones que, de hecho, sólo muestran un desconocimiento total de la función pública y del papel de unos empleados públicos que han sufrido más recortes y ataques que ningún otro colectivo en este país.
Cierto es que también existe el lado opuesto, el de los ciudadanos que defienden y respetan la labor de maestros, profesores, médicos, policías, enfermeros o bomberos. Ciudadanos que comprenden que su labor es fundamental para el desarrollo social de nuestro país y que, además, han desempeñado con el mismo tesón su trabajo a pesar de recortes y ataques a sus derechos. Con la misma profesionalidad y tesón que si el sueldo y sus condiciones no hubiesen sido recortadas por los diferentes políticos.
No me canso ni me cansaré de repetirlo. los empleados públicos han sido los que con su esfuerzo y profesionalidad han sostenido los servicios públicos. Los que han logrado que la enseñanza siga siendo pública y la sanidad, de calidad, universal y gratuita. Su papel sigue siendo fundamental en el momento en el que vivimos. Y se merecen, más pronto que tarde, el reconocimiento que buena parte de la sociedad y muchos políticos les han negado durante estos años de crisis económica, social y de sistema.
CSIF siempre ha estado y estará al lado de los empleados públicos. Lo estuvo en los momentos buenos, pero sobre todo lo ha estado en los momentos en los que eran atacados de manera directa. Porque entendemos que su papel en la sociedad democrática en la que vivimos es fundamental, gracias a la profesionalidad y sobre todo a la independencia que aportan a su trabajo. Sin ellos, la discrecionalidad sería la nota predominante en la Administración, algo que pondría en juego los principios más básicos de nuestra estructura de Estado de derecho y que incluso ha sido la causante de muchos de los casos de corrupción que han salpicado a nuestro país en los últimos años. Con el control y la exhaustividad que mantiene un empleado público, ninguno de estos casos se hubiera producido.
CSIF lleva casi cuarenta años defendiendo sus derechos y trabajando por el reconocimiento social y público de su función social. Por ello pusimos en marcha campañas como “Somos empleados públicos. Somos necesarios” o “Estamos x ti”. Formas de hacerle llegar a la sociedad la importancia del empleado público en nuestro día a día, donde cada gesto, cada movimiento que tomemos está marcado por su labor. Ahora, en nuestro VII Congreso Autonómico, hemos vuelto a rendirle un homenaje en el órgano más importante de CSIF Andalucía.
En pleno periodo de estabilidad interna y de buenos resultados sociales, sindicales y mediáticos, CSIF Andalucía vuelve a encarar un Congreso para demostrar su fuerza y su cohesión.
Hemos repetido éxito y hemos consolidado nuestra situación de primera fuerza sindical de la función pública andaluza, en una demostración de que los empleados públicos confían en la forma de trabajar de un sindicato moderno, transparente e independiente. Las urnas han sido reflejo de lo que los trabajadores viven en sus centros de trabajo. Quieren sindicatos independientes, modernos, que vean y sientan sus problemas como propios, que tengan las cuentas claras y nada que deberle a nadie. Por eso CSIF Andalucía crece y sigue creciendo en la función pública.
Pero también crecemos en la privada, donde cada vez somos más fuertes y donde cada vez representamos a más trabajadores de muchas y diversas empresas. El buen hacer en la pública nos hizo dar el salto a la privada, donde eran miles los trabajadores que nos pedían que los representásemos. Querían sentir la independencia en sus empresas, que casi siempre estaban marcadas en sus comités de empresa por los intereses partidistas de los obsoletos sindicatos de clase. CSIF ha cambiado eso. CSIF ha sido capaz de darle la vuelta a empresas como la RTVA, donde que un sindicato independiente y alejado de los partidos entrase con fuerza en la representación de los trabajadores parecía simplemente un imposible.
La independencia y la profesionalidad. Esas son nuestras señales y nuestras muestras de buen hacer. Con ellas hemos roto los moldes sindicales que han vivido en este país y esta Comunidad desde el inicio de la democracia. Y eso los trabajadores lo saben, por eso confían en nuestras siglas y en nuestros valores.
Sumando entre todos, como bien reza el lema de nuestro Congreso, CSIF ha sido capaz de lograr esos éxitos y de poner en valor la figura del empleado público en Andalucía. Una figura denostada por muchos, pero que siempre en silencio logra el reconocimiento de unos pocos y que tendrá que seguir avanzando hacia el reconocimiento total de la sociedad.
Ahora, en pleno siglo XXI, donde el papel del empleado público tiene que seguir evolucionando hacia lo telemático y hacia una Administración más ágil, más eficaz y más cercana al ciudadano, CSIF seguirá defendiendo sus valores y su papel en la sociedad. Sin los empleados públicos, sería imposible hacer muchas de las cosas que hacemos a diario. Sin ellos, la legitimidad del Estado de Derecho estaría en entredicho. Sin ellos, los servicios públicos no funcionarían como lo hacen ni prestarían el servicio, desinteresado, gratuito y universal, que prestan hoy en día. Sin ellos, simplemente, la sociedad sería peor. Y CSIF, en su responsabilidad de ser el primer sindicato de los empleados públicos andaluces, siempre estará para defenderlos, ponerlos en valor y destacar sus virtudes. A pesar de los ataques. A pesar de los agravios.
José Luis Heredia
Presidente de CSIF Andalucía
@JLHerediaCSIF







