Mientras en Europa soplan vientos de crisis y Estados Unidos intenta evitar la tan temida recesión, la economía china continúa viento en popa a toda vela. Según los datos difundidos ayer por la Oficina Nacional de Estadísticas, el Producto Interior Bruto (PIB) del gigante asiático creció en 2007 un 11,4%, lo que supone el ritmo más alto de los últimos trece años. En este sentido, el PIB ascendió a 24,7 billones de yuanes (2,3 billones de euros) y, a la espera de que se conozcan los resultados de Alemania, podría convertir al «dragón rojo» en la tercera potencia económica del mundo.

Pero esta cifra tan impresionante también viene acompañada de una espectacular y peligrosa subida de la inflación, que alcanzó la cota más alta de los últimos once años al llegar al 4,8% en el cierre del ejercicio. No en vano, el IPC se incrementó un 6,5% en diciembre y los precios de algunos productos básicos para los chinos, como la carne de cerdo, el pollo o los huevos, se elevaron hasta un 31,7%.