Asistimos, desde nuestra atalaya andaluza, a una crisis económica mundial sin precedentes, que está teniendo una especial incidencia en Europa. Nadie podía imaginar que el año que acaba de concluir sería testigo de la crisis financiera más potente que ha sufrido la Unión Europea, llevándose por delante los proyectos de futuro y las expectativas de miles de personas y a varios gobiernos democráticos.

Europa está siendo atacada en su corazón mismo, en su esencia. La cruel voracidad de los mercados está cuestionando seriamente la sostenibilidad del Estado del Bienestar Social que siempre ha diferenciado a Europa del resto del mundo desarrollado.

Europa no puede permitirse perder más tiempo en lamentaciones. Es preciso un golpe de timón certero que nos lleve a adoptar las medidas necesarias para salir cuanto antes de esta situación. Y resolver el problema financiero es crucial. Hay que otorgar la liquidez necesaria al sistema y regular la actividad de los mercados financieros internacionales para ponerles coto y que no acaben imponiéndose a las personas.
Si bien es cierto que la solución a estos problemas escapa de la órbita regional, Andalucía nunca ha estado de brazos cruzados ante la crisis. Cuando, allá por 2008, se atisbaron las primeras luces rojas, el Gobierno andaluz comenzó a implementar una estrategia de emergencia con la que frenar su incidencia en la Comunidad. Desde entonces, hemos movilizado más de 14.338 millones de euros, un 9,7% de nuestro PIB, que han permitido la creación o mantenimiento de 200.000 puestos de trabajo.
La consecuencia más trágica de esta crisis ha sido la destrucción masiva de empleos. Crear empleo es la prioridad de mi Gobierno, mi obsesión. Prueba de ello es que Andalucía ha sido la única comunidad autónoma española que ha puesto en marcha planes de empleo propios, en los que hemos invertido más de 1.000 millones de euros, y que han complementado los planes desarrollados por el Gobierno central.

Estos planes han tenido como eje común la reactivación del sector de la construcción, que se hundió con la crisis llevándose por delante muchos puestos de trabajo. El Plan de Oportunidades Laborales de Andalucía o el Encamina2, que acabamos de poner en marcha, acarrearán un volumen importante de obras en centros educativos y caminos rurales que darán empleo a más de 5.000 desempleados de este sector.

Conscientes de que la falta de crédito bancario está paralizando la actividad económica y el consumo, el Gobierno andaluz va a poner a disposición de pymes y autónomos un fondo de casi 1.000 millones de euros en préstamos reembolsables. Un nuevo instrumento con el que intentamos brindar a nuestros empresarios la liquidez que la banca les niega.

Andalucía ha marcado la diferencia en su respuesta a la crisis. Andalucía está demostrando que es posible salir de esta crisis respetando los derechos sociales que hemos conquistado en 30 años gracias al esfuerzo de todos. Andalucía está demostrando que es compatible el impulso económico y el mantenimiento de la sanidad pública, la educación y los servicios sociales, para nosotros derechos universales irrenunciables.

Y lo hemos hecho porque podemos. Porque en Andalucía somos austeros en época de crisis y también de bonanza. La comunidad andaluza está cumpliendo el compromiso con la reducción del déficit público (1,1%), tiene un menor endeudamiento que la media del resto de comunidades (1.618 euros/habitante frente a 3.099) y va muy por delante en eficiencia en el gasto sanitario y en modernización del sector público.

Con todo ello estamos intentando amortiguar los reveses de una situación que nos condiciona, pero a la que le estamos plantando cara. Andalucía está lo suficientemente capitalizada en lo humano, en sus infraestructuras, en su tecnología y en sus empresas como para mirar al futuro con optimismo. Perfectamente preparada para que, en el momento en que soplen nuevos vientos, se pueda relanzar la nave con fuerza hacia el futuro.

El turismo sigue siendo un valor seguro y de excelencia (Andalucía es la cuarta región española más demandada internacionalmente). Nuestra agricultura, por la que tanto bien están haciendo las empresas de Economía Social, han logrado cotas de productividad y calidad reconocidas mundialmente.

Nuestras empresas no dejan de aumentar sus exportaciones, seña inequívoca de competitividad. Sectores de presente, pero sobre todo de futuro, como el de las energías renovables han hallado su nicho en esta tierra de huertos solares (en Andalucía se genera el 56% del total de España y somos la región líder en Europa) y energía eólica. El competitivo y tecnologizado sector aeronáutico ha situado en el mapa a esta región, y lo seguirá haciendo con proyectos estratégicos como el del Centro de Experimentación de Aviones no tripulados de Moguer (Huelva).

Si ponemos el foco en la formación, nunca gozó Andalucía de tanta inversión en I+D+i (1.726 millones en 2010) como ahora -siendo la tercera comunidad del país tras Madrid y Cataluña-, de tantos proyectos de investigación y patentes, de tantas spin-off tendiendo puentes entre la universidad pública y las empresas. Esta tierra se ha enriquecido con la apuesta del Gobierno andaluz por crear una amplia y potente red de parques tecnológicos, y nunca como hasta ahora tenemos tanto que decir en especialidades como la biomedicina, donde somos un referente en Europa.

Y así podría seguir enunciando los puntos fuertes de una tierra que, coyunturas adversas aparte, no tiene techo y sí una confianza plena en su enorme potencial y en la capacidad de su gente.

José Antonio Griñán
Presidente de la Junta de Andalucía