EXTRA

“Los amores inmortales”, con la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla

Berna Perles: soprano

Tatiana Postnikova: piano

Junichi Hirokami: director

Obras de Wolfgang A.Mozart y Ludwig van Beethoven

La Sinfonía en Sol menor es quizá la que más tinta ha hecho correr entre todas las mozartianas: su “dramatismo a ultranza” (H.C. Robbins Landon), su cromatismo, su intensidad y riqueza temáticas, la amplitud y vehemencia de sus desarrollos, el aspecto obsesivo del andante, así como la escritura fuertemente sincopada del minueto o el ímpetu rítmico del último movimiento… todo ello tan adecuado al estilo sturm la han dotado de una aureola especialmente valorada por los románticos. Ciertamente, se trata de una obra sin parangón posible en la música de su tiempo, cuyo enigma no deja de interrogarnos y cuya influencia sobre la música del XIX fuen honda y notoria.

La gran novedad del programa ,Non temer, amato bene, es un rondó con piano obligado (soberbia intervención de Tatiana Postnikova, uno de los ‘tesoros de la casa’ -aunque algo infrautilizada, me temo-, que realiza una fusión única entre la voz la soprano Berna Perles, y el instrumento concertante, página no exenta del típico, virtuosismo vocal mozartiano. Perles, soprano de bello timbre y honda musicalidad, destacó empero en Beethoven, en la  escena y aria de concierto de la célebre “Ah, pérfido!… Per pietà, non dirmi addio”, que completaba la presencia del músico de Bonn en una interesante velada que se había iniciado con la obertura de Egmont, página universal que siempre nos sobrecoge por su intensidad y dramatismo.

Junichi Hirokami -que dirigió sin partitura- mostró una absoluta empatía con la orquesta, siempre fiel a las mil y una indicaciones del dinámico maestro japonés, conocedor de los recónditos entresijos de un repertorio  que domina con absoluta maestría. No olvidemos que la 40 –junto a las K.504, K.543 y K. 551– se integra dentro de la línea evolutiva de triunfal ascensión de la música instrumental vienesa.

 

MFR