En el año 2012 entraremos en el cuarto año de la crisis económica que comenzó en el 2008 y tuvo su origen en el sector financiero norteamericano (hipotecas basuras) y que se trasladó al otro la del Atlántico en forma de recesión profunda y generalizada. Tras una primera respuesta política a través de estímulos y gasto público (Política Keynesiana); la crisis mutó a partir de 2010 acelerando el déficit público. Es entonces cuando entramos en una segunda fase aún más peligrosa porque la crisis financiera se retroalimenta con la crisis fiscal. En la periferia de la eurozona (Grecia, Portugal, Irlanda, Italia y España), con Grecia a la cabeza, empieza a extenderse un grave problema de sobreendeudamiento público y privado. El corazón de la UE (Alemania en particular) y el Banco Central Europeo (BCE) se negaron a atajar el problema de cuajo por diferentes consideraciones más o menos justificadas y solamente el vértigo de un fracaso sistémico de todo el proyecto de moneda común (euro), se empieza por fin a reaccionar con la celebraciones de varias cumbres Europeas, donde se intenta diseñar recetas para salvar al euro: estas recetas priman la austeridad y mejorar la estabilidad fiscal a largo plazo de los países que conforman la eurozona. El inconveniente principal es que no se garantiza el crecimiento en el corto y medio plazo ni la liquidez financiera.
España ha sido uno de los países más afectado por la crisis debido a factores endógenos de su economía (excesiva dependencia del ladrillo y su contaminación al sistema financiero, falta de productivida y flexibilidad… etc). Salir de la crisis en el año 2012 no será fácil en absoluto. El enorme desempleo y la limitada capacidad de estimular la economía (por la imperiosa necesidad de reducir el déficit público tanto de la administración estatal, autonómica y local) impiden vislumbrar todavía la luz al final del tunel. Sin embargo España ha demostrado hasta el momento contar con un sistema político estable que permite tomar decisiones y hacer reformas de forma ágil y una Hacienda Pública más seria que otros países periféricos y con un relativo consenso responsable entre los dos grandes partidos que se ha plasmado en una reforma constitucional, referida al equilibrio presupuestario de las administraciones públicas. Estas reformas han sido apreciadas por los mercados, diferenciando claramente el caso español y el de las economías del sur de Europa (Portugal, Grecia e Italia). En el momento actual la prima de riesgo española está más cerca de la belga que de la italiana.
El año 2012 será un año muy duro desde el punto de vista económico y laboral y se deberá hacer un gran esfuerzo por parte del conjunto de la sociedad española y el nuevo gobierno de Rajoy para acometer reformas estructurales, tanto en la administración pública y en los mercados de factores productivos. La sociedad española y el tejido productivo se tendrán que dar cuenta que es necesario mejorar significativamente la competitividad en un mundo cada vez más globalizado y, para ello, hay que hacer de una vez la apuesta por el capital humano (apoyo a los empresarios y emprendedores y mejor formación a los jóvenes), después de tantos años sólo preocupados por el capital físico. Un elemento positivo a valorar es que ahora existe un cierto consenso sobre las recetas de política económica a aplicar: reducción del déficit y ciertas reformas estructurales a implementar, dado el escaso margen del que dispone España para ensayar otras vías. tal vez más rápidas. como los estímulos a la economía, algo que solo se puede decidir a nivel europeo, en espacial, si Alemania y el BCE aflojan un poco su posición actual y abren el grifo de la financiación a los países más necesitados como España.
Juan Rodríguez
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