En los negocios, como en el fútbol, lo importante es competir, y en ambos casos hay estrategia, métodos y personas, igual que en la empresa. El trabajo de campo lo ejecutan personas y cada uno tiene su papel.

¿Qué es un gerente sino un capitán del equipo que con su personalidad da brillo al conjunto y da la cara por los demás? ¿Y qué haríamos sin los repartidores de juego, que no son otros que los mandos intermedios, que pasan la pelota en forma de oportunidades porque descubren la posición de ventaja de sus compañeros? Tenemos a los rematadores, que son los comerciales que se enfrentan al cliente y con sus argumentos marcan ‘éxitos' en interés del conjunto. Y por último están los peones, cuyo trabajo sirve para ser aprovechado por los otros.

Sea fútbol o empresa, detrás existe la misma parafernalia, técnicos y utilleros, que serían los RR.HH., ocupados en proveer sustitutos y mantenerlos en forma, y están los financieros, que se ocupan de equilibrar presupuestos. Los de la publicidad y merchandising, que buscan la difusión de la imagen mediática. Y al final, el producto que nunca puede fallar y que son los jugadores, que deben preocuparse para que salgan los resultados, que hacen sostenible el proyecto.

Lo mismo que en el mundo empresarial, en el fútbol una mala planificación lleva al fracaso del proyecto y casi siempre el resultado final depende de hacer bien todo lo demás, aunque unos jueguen en primera división y otros en regional, el éxito depende del conjunto.

Muchas empresas caen en la vanidad del dinero, como algunos clubes de fútbol, que creen que todo es ‘comprable' a base de talonario, se abusa del headhunting, se invierte en productos (jugadores) que después no encajan con el grupo y se pierde de vista que fútbol y empresa tienen en común que en ambos casos se trata de jugar en equipo.

Un buen líder puede hacer equipo si sabe obtener lo mejor de cada uno y crear un clima de compromiso entre todos, y un mal dirigente cree que con la única ventaja del talento comprado a subasta puede conseguir éxitos, porque tiene una clientela de abonados.

Pero a menudo se ignora que el sentido de la vida es que nada es predecible. Hay empresas que tienen todo para triunfar (posición, dinero, producto, futuro,…) y no lo hacen porque están mal dirigidas, y eso ocurre simplemente porque olvidamos que en el mundo de las empresas, igual que en el fútbol, al final todo se reduce a un juego de personas, y claro, resulta que somos emocionales, vulnerables, nada predecibles y con frecuencia contradictorias, nada que ver con los robots.

Por eso, si al final quieres ganar un partido o apuntarte un buen ‘ebidta' en tu cuenta de resultados, debes tratar de hacerlo todo bien, contar con una buena estrategia, tener una metodología de trabajo eficiente y asegurarte que las personas están contigo, y lo estarán si creen en sus jefes, tienen un buen clima y se sienten reconocidos más allá del dinero. Mi consejo es que bajes a menudo al vestuario y descubrirás si están felices, no hace falta que lo preguntes, si los conoces sólo mirándoles a los ojos… lo descubrirás.