El presidente de la Sociedad Siglo XXII y catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla, Javier Pérez Royo; el veterinario e investigador Antonio Carmona, y el profesor del Departamento de Producción Animal de la Universidad de Córdoba, Antón García, han expuesto hoy en el Foro Innovatec, que promueven Cartuja 93 y Cajasol, los primeros resultados de un novedoso proyecto empresarial que han puesto en marcha en La Rinconada, en las instalaciones de la empresa Aspero, que utiliza por primera vez subproductos agrícolas (restos de cosechas, poda, …) y residuos de la industria agroalimentaria (pulpa de naranja, tomate,…) para la alimentación animal. El proyecto cuenta ya con cuatro patentes y sus responsables han comenzado a comercializar algunos de los productos surgidos de las líneas de investigación abiertas por Carmona, entre las que figura como más novedosa la creación de "alimentos funcionales" -con mayor valor proteico, mayor digestibilidad, etc…- para el ganado.

En estos momentos, la Universidad de Córdoba está validando los resultados de la innovación desarrollada por el veterinario Antonio Carmona.

Según Antonio Carmona, la idea surgió, por un lado, de la necesidad de abaratar los costes que soportan las explotaciones ganaderas y, por otro, de dar respuesta a un importante problema medioambiental: el de los residuos generados por la industria agroalimentaria, de difícil y costosa eliminación. 

Así, la empresa, que comenzó comercializando alimento para el ganado sometido a un proceso de ensilaje (ausencia de oxígeno) que permite al ganadero almacenar el alimento en buenas condiciones durante más tiempo, ha decidido dar un salto cualitativo creando en el laboratorio, a partir de estas materias primas y mediante un proceso de fermentación que emplea microorganismos de ensilado autorizados por la CEE, alimentos con "propiedades funcionales" entre las que figuran un mayor valor proteico, mayor digestibilidad, etc…  Según Carmona, "al dar al ganado un alimento de mayor calidad nutricional, con un coste no superior además al tradicional, puesto que su base es una materia prima muy económica, el ganadero puede reducir la cantidad de otros alimentos, como piensos, mejorar el rendimiento del animal, etc… y, en definitiva, abaratar el coste de la explotación.