Dickens ha proclamado más verdades de calado social y político que todos los discursos de profesionales de la política, agitadores y moralistas juntos” (Karl Marx)

La conmemoración del bicentenario del nacimiento de Charles John Huffam Dickens (Portsmouth 1812- Gads Hill Place, Kent, 1870) es objeto de celebraciones de todo tipo a lo largo del presente año: premios literarios, banquetes, funciones teatrales, actuaciones callejeras, exposiciones en la British Library, en el Victoria&Albert Museum, en la casa-museo Dickens, en Kent, Nueva Zelanza, Suiza, EE UU… Todo ello demuestra, en palabras de su biógrafo Peter Ackroyd, que “Dickens siempre ha estado presente, nunca ha dejado de ser una fuerza viva de la cultura británica, pues en su obra lo real y lo irreal, lo material y lo espiritual, lo concreto y lo fantástico, lo mundano y lo trascendente conviven en precario equilibrio, sólo resuelto por el vigor de la palabra creada”. Pero ¿sigue gozando Dickens de la condición de escritor popular? El historiador Alex Werner nos recuerda que sus novelas han sido llevadas al cine más de 80 veces, que se han rodado innumerables series de televisión, que sus libros son reeditados y leídos una y otra vez, que se han publicado cerca de cien biografías… Incluso una reciente encuesta británica sobre los cien libros más importantes de todos los tiempos nos descubre que Dickens figura con cinco títulos, en tanto una búsqueda en el ISBN revela ¡420 títulos! vivos en todas las lenguas nacionales.

Gran parte de la originalidad de la obra de Dickens, familiarizado con los ambientes humildes y fuertemente involucrado en las condiciones sociales de las clases inferiores, en especial en lo que respecta al sufrimiento infantil y el mundo obrero, reside en su campo de observación, resultado de sus propias experiencias, descritas con singular fuerza dramática a lo largo de una galería de personajes como Oliver Twist, David Copperfield, Mr.Scrooge o Fagin que, aunque lindando con el folletín (un género que revolucionó), dejan una huella indeleble. Dickens, que no había sido moldeado ni por la escuela ni por la universidad y que carecía del soporte de una educación clásica (lo cual parecía no importarle gran cosa), muestra un estilo poco ortodoxo aunque tremendamente persuasivo con el que capta lo grotesco de los personajes sin ocultar la compasión que le producen. Su vivacidad impulsiva nos lo muestra excelente en lo que algunos críticos definen como sketches, no así en la composición, que se resiente de la urgencia e improvisación propias de las novelas ‘por entregas’, caso de Pickwick, que carecía de un plan previo. Y, aunque para muchos de sus lectores, su pathos ha perdido parte de la efectividad de antaño, hay varias cosas que, según un programa emitido por la BBC, el mundo moderno debe al autor de Historia de dos ciudades: la celebración de las navidades gracias al impacto de Canción de Navidad, la denuncia de la pobreza, los personajes de la comedia moderna, la defensa a ultranza de los derechos de autor e, incluso, en opinión de Eisenstein, los cimientos del séptimo arte. Asimismo, Dickens, cuyas giras por Norteamérica eran seguidas por multitudes que se concentraban en masa frente a los hoteles en los que se alojaba, continúa siendo el primer narrador super star de la Historia, aquel que pone en boca de Mr.Micawber, trasunto de su propio padre, encarcelado por deudas: “No se debe gastar más de lo que se gana”. ¿A qué les suena?

Miguel Fernández de los Ronderos
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