Son muchas las empresas que se han parado, han hecho balance para ver a qué punto están y descubrir hasta dónde quieren llegar en la lucha frente al cambio climático. Una de ellas es Nestlé, que en 2015 consiguió una reducción del 7,6% en el consumo de agua por tonelada de producto fabricado y del 4,7% en el consumo de energía en el conjunto de sus fábricas españolas. Además, ha seguido con el progresivo descenso de la cantidad de residuos producidos y emisiones directas de gases efecto invernadero, con una disminución del 31,1% y del 3,2%, respectivamente.
Solvay fue una de las pioneras, ya que en 1976 creó el departamento de Medio Ambiente. El pasado abril, su planta en Torrelavega recibió un reconocimiento por sus 10 años adherida a la certificación EMAS, que es el sistema de gestión y auditoría ambiental de la Unión Europea.
Para Unilever, “ahora más que nunca es importante ser eficientes con los envases y encontrar soluciones que permitan gestionar los residuos ‘post-consumo’. Nos centramos en ser una empresa con cero desperdicios. La reducción de residuos creará eficiencias y costes más bajos. Cuanto más reduzcamos, reciclemos y recuperemos nuestros envases, mayores serán los ahorros de costes en materiales, energía, transporte y eliminación”.
En 2015, el impacto de la compañía en términos de residuos se ha reducido en un 29% desde 2010 y, para 2020, el objetivo es la reducción a la mitad de los residuos asociados con la eliminación de sus productos.
Desde 2010, Mutua Madrileña mantiene un compromiso de Vertido Cero mediante el reciclaje del 100% de los residuos generados. Mutua es la empresa no industrial española con mayor número de edificios certificados con la norma ISO 50001 (14) y la primera compañía del sector asegurador a nivel mundial.
Y desde 2013, el 100% de la energía eléctrica utilizada en Bankia procede de fuentes de energía renovables, con certificados de garantía en origen. En los últimos tres años, el uso de este tipo de energía ha evitado la emisión de más de 121.000 toneladas de CO2, responsables del cambio climático. Además, cuenta con un Plan de Eficiencia Energética 2015-2019 que tiene como reto reducir el consumo energético (electricidad, gas natural y gasóleo) en un 19%. Para alcanzarlo, la entidad tiene previsto hacer una inversión de más de 10 millones de euros durante este período de tiempo.
La huella de carbono y la emisión de gas de efecto invernadero son una de las principales preocupaciones de Enagás. De hecho, la compañía redujo en 2015 un 47% su huella de carbono respecto al año anterior. Para ello, ha desarrollado un Plan de Eficiencia Energética que tiene tres objetivos: reducir el autoconsumo de gas natural, el consumo de electricidad y aprovechar la energía residual de su actividad para la generación eléctrica. Además, tienen el objetivo de reciclar, recuperar y valorizar estos residuos en aquellos casos en los que sea posible. En 2015, el 5,2% de los residuos peligrosos y el 68,9% de los residuos no peligrosos recibieron estos tratamientos. También para Sanitas, cuyo compromiso medioambiental se sintetiza en un gran objetivo: que en 2020 consiga reducir un 30% su huella de carbono respecto al ejercicio base de 2009 normalizado para considerar el incremento en las actividades.
Accenture, por su parte, se ha ‘puesto firme’ y ha anunciado una serie de objetivos para 2020 con el fin de llevar a cabo operaciones más eficientes para seguir reduciendo las emisiones de carbono de la compañía. Para finales del ejercicio del 2020, habrá reducido sus emisiones de carbono en dos toneladas métricas de media por empleado -lo que representa una reducción de más del 50% con respecto a su referencia de 2007- y empezado a medir e informar el impacto de su trabajo con clientes y proveedores en áreas clave de sostenibilidad.
“No hay escasez de innovación y tecnología para abordar el cambio climático, pero hay una gran necesidad de aplicarlas a una escala masiva para conseguir un impacto significativo”, explica Pierre Nanterme, CEO Global de la compañía.







