El año 2011 será un año que no olvidaremos en mucho tiempo, doce meses que no debemos olvidar. Un año salpicado de momentos y decisiones que, sin duda, marcarán el futuro de nuestro país y de Europa y, sobre todo, de su ciudadanía. Porque 2011 ha sido un punto de inflexión que marcará una nueva realidad socioeconómica en Europa y España, una fecha que transformará nuestro país para bien o para mal. Y aquí es donde todos tenemos la responsabilidad de que ese cambio sea para bien; por supuesto, para bien del interés general de la sociedad y no de unos pocos.

Durante el año hemos vivido las más duras agresiones contra los derechos laborales y sociales perpetradas en este país desde la conquista de la democracia y hemos asistido también a movilizaciones importantes para rechazarlas. Cada vez que se ha atacado algún derecho ganado por los trabajadores y trabajadoras de este país a fuerza de sudor y lucha, se ha producido un movimiento de defensa y rechazo a esas medidas tan lesivas. Ha sido un año que, a pesar de su desarrollo negativo para casi todos, enciende una potente luz en las conciencias de las personas de este país que les impulsa a seguir luchando para defender sus derechos frente a quienes quieren hacernos creer que la crisis debemos pagarla nosotros, los trabajadores y trabajadoras, y que no existe más salida que la de los recortes.
Ha sido ante todo, el año en el que el poder de los mercados nos ha mostrado su verdadero rostro y su objetivo: imponer sus dictados al poder político y a las instituciones democráticas para favorecer sus intereses, aunque eso suponga llevarse por delante los derechos y los empleos de millones de personas. El poder político se ha mostrado absolutamente dócil, convirtiéndose en el brazo ejecutor del neoliberalismo, unas veces plenamente convencido ideológicamente y otras a regañadientes, pero siempre sucumbiendo al poder de los mercados. No es de extrañar por tanto que la cumbre europea de diciembre haya dado un giro al concepto de Unión Europea para centrarse solo y exclusivamente en la contención del déficit público, olvidando por completo el empleo, los derechos y el modelo social europeo, prefigurando así una Europa de dos velocidades, donde los países fuertes crecerán aún más y los pobres seguirán empobreciéndose, siendo además castigados por ello. Esta misma idea neoliberal de las dos velocidades se trasladará a la sociedad europea: habrá ciudadanos de primera y de segunda, las diferencias sociales serán más grandes entre ricos cada vez más ricos y un número creciente de pobres cada vez más pobres, provocando la fractura definitiva de la cohesión social entre las regiones que conforman la Unión.

En España la situación es aún más grave. El Estado ha sido puesto contra las cuerdas por unas agencias de calificación que -no lo olvidemos- son empresas privadas con fuertes intereses financieros y absoluta falta de transparencia. Es una aberración para nuestra democracia que unas empresas privadas que nadie ha elegido impongan sus criterios y dirijan a instituciones que sí han sido elegidas y legitimadas democráticamente. El anterior gobierno no tuvo la valentía de imponer sus criterios sobre estas sucursales de los mercados, y es de temer que el nuevo ejecutivo tampoco lo haga si nos atenemos a lo que el PP ya está haciendo en los ayuntamientos y comunidades donde gobierna. Recortes y retroceso de lo público parece ser la receta mágica para superar la crisis y contentar a los mercados. Sin embargo, 2011 ha demostrado que, lejos de reactivar la economía y crear empleo, esa receta solo destruye empleo, precariza el existente, empobrece más a las familias y paraliza la economía hasta ponerla al borde del colapso. Ahí están los datos de la reforma laboral, de la última reforma del verano sobre el mercado de trabajo, de la congelación de salarios y pensiones, del recorte en inversiones y en el gasto social, de las privatizaciones y de la reforma constitucional para limitar el déficit de las comunidades; medidas que no han reactivado un ápice la economía, situada casi en recesión, y que nos han llevado a rozar los cinco millones de parados. Mientras, el grifo de los créditos para pymes y familias sigue cerrado sin que ningún gobierno hable de la imprescindible reforma del sistema financiero y de un nuevo modelo fiscal para nuestro país. La estrategia queda clara: hacernos creer a todos que no hay alternativa a los recortes hasta convencernos de que es necesario ir perdiendo derechos sociales y laborales para superar la crisis.

Andalucía no ha sido ajena a esta ola neoliberal aunque mantengamos un nivel de protección social y de defensa de lo público superior al del resto de comunidades. Este mantenimiento de los servicios públicos y de la protección social es resultado de la cultura de concertación social en nuestra comunidad, sin la que posiblemente Andalucía habría comenzado a aplicar los dramáticos recortes de otras regiones. Este potente instrumento es la “hoja de ruta” para salir de la crisis de la que nos hemos dotado en la Comunidad y por el que debemos seguir apostando a pesar de que la situación socioeconómica esté dificultando su desarrollo. Por encima de esto, el balance de 2011 en nuestra Comunidad, al igual que en el resto de Europa y España, debe ser calificado de negativo. Se han cerrado cientos de empresas y se han despedido a miles de trabajadores y trabajadoras; más de seiscientos convenios colectivos siguen bloqueados y, por tanto, sin actualizar los salarios de millares de trabajadores; los ayuntamientos y diputaciones plantean despidos de empleados públicos, muchos de los cuales no cobran sus nóminas desde hace meses; los empresarios andaluces siguen sin asumir su responsabilidad social y sin reinvertir beneficios para generar actividad económica; muchos andaluces están en desempleo y sin ningún tipo de prestación; se precarizan las condiciones laborales aprovechando el temor a perder el empleo; la “bancarización” de las cajas ha adelgazado el músculo financiero de nuestra comunidad… Un sinfín de factores que dificultan aún más la salida de Andalucía de esta crisis en la dirección adecuada que evite caer en los mismos errores.

Frente a todos estos ataques al modelo social y a los derechos la ciudadanía ha reaccionado, se han multiplicado las movilizaciones y acciones de protesta. CCOO ha abanderado muchas de ellas y se ha sumado a otras con la firme convicción de que existen salidas alternativas y justas a esta crisis. Hemos movilizado a cientos de miles de andaluces y andaluzas en las calles y centros de trabajo para rechazar los recortes de derechos y exigir que los causantes de la situación paguen sus responsabilidades; para defender los servicios públicos de calidad y la protección social para todos, en especial para las personas desempleadas sin prestaciones; para exigir salarios dignos y la recuperación de poder adquisitivo de pensionistas y empleados públicos. Hemos hecho propuestas para reformar el sistema financiero y la fiscalidad, hemos puesto sobre la mesa medidas para reactivar la economía y generar empleo de calidad y hemos construido alianzas con las organizaciones sociales de Andalucía para la defensa férrea de nuestro modelo social.

2011 ha sido para nuestro sindicato el año de las pancartas pero también de las propuestas. A pesar de una feroz campaña mediática contra su imagen orquestada desde la derecha política y económica, muchos trabajadores y ciudadanos han percibido que CCOO es el dique de contención para frenar los envites contra sus derechos. Nadie debe olvidar este año 2011, que ha sido duro y dramático en muchos aspectos pero esperanzador en otro, en el inicio de un gran movimiento de rechazo al poder absoluto del neoliberalismo y los mercados y de la defensa a ultranza de nuestro modelo social europeo, estatal y andaluz. Entre todos debemos lograr que sea recordado en el futuro como el año del inicio de un nuevo tiempo, el de la economía sostenible, la justicia social y el empleo. Nosotros dedicaremos todos nuestros esfuerzos para que sea así.

Francisco Carbonero Cantador
Secretario general de CCOO de Andalucía