Ciertamente, la situación que estamos padeciendo es muy preocupante. Existe la impresión de que resulta muy difícil entender lo que sucede, y motivos para pensar que estamos asistiendo a un total descontrol del sistema financiero. No es necesario ser un experto en economía para concluir que no estamos ante una mera crisis económica. Esta es una situación verdaderamente extraordinaria.

Los últimos datos que se conocen son muy esclarecedores a este respecto. La economía española está estancada (el Gobierno ya ha asumido que solo crecerá el 0,8% en 2011), y la Comisión europea cree que no podrá cumplir los objetivos de déficit y que continuará la destrucción de empleo en 2012.

Por otro lado, las esperanzas de recuperación económica en Europa de hace seis meses se han desvanecido. Parece claro que el crecimiento se ha estancado y existe el riesgo de una nueva recesión. Alemania, la locomotora europea, pierde fuerza, y el mismo camino siguen Francia, Italia y Reino Unido.

En España se han cerrado miles de empresas, y la consecuencia directa es que el mercado de trabajo es desolador, no sólo por los casi cinco millones de parados, sino porque el empleo está sumido en una depresión de la que no saldrá, al menos, hasta el año 2013, como mínimo.

El problema es que tenemos una legislación antigua y complicada que no responde a las exigencias actuales.

Con casi cinco millones de parados es imprescindible cambiar la legislación radicalmente porque, de lo contrario, no se va a crear empleo ni habrá crecimiento económico. Se debe mantener el Estatuto de los Trabajadores, pero habrá que adaptarlo al nuevo mundo cambiante, flexible, abierto y variable. No hay otra solución.

Hay que avanzar hacia una reforma laboral que facilite la contratación, que simplifique la maraña de tipos de contratos que encorseta la entrada en el mundo laboral en vez de facilitarla, que garantice jurídicamente la salida del mundo laboral, y permita flexibilidad para que las empresas puedan adaptarse a las circunstancias que los mercados imponen.

Por otra parte, la negociación colectiva está necesitada de una reforma. Actualmente, existen 43 modalidades de contratos, y los empresarios proponemos que queden reducidos a seis: indefinido, obras y servicios, temporal, a tiempo parcial, fijo discontinuo, y de formación y prácticas. Y todos deben estar dotados de flexibilidad y seguridad jurídica.

Este panorama se agrava considerablemente si nos referimos a Andalucía. La economía regional se estancó en el segundo trimestre y se situó al borde de la contracción. De hecho, la Comunidad se está desacelerando a un mayor ritmo que el resto de España.
Las últimas previsiones son estremecedoras: se prevé que en 2011 apenas se alcance el 0,5%de crecimiento, y que en 2012 lo hará en un leve 0,7%, cifra inferior a la prevista por la Junta, que estima un 1%.

Sin duda, los datos apuntan a que nuestra Comunidad es una de las grandes perdedoras de la crisis, en la que se han cerrado más de 25.000 empresas desde el comienzo de la recesión; se mantiene una alarmante tasa de desempleo, que supera ya el millón de personas; más de 45.000 autónomos se han dado de baja en los dos últimos años; desciende el número de nuevas empresas y, lo que es peor, la inversión asociada a estas nuevas empresas ha caído un 36% respecto a los niveles medios previos a la crisis.

Además, cuando se habla de los estragos de la crisis en Andalucía hay que referirse necesariamente a la dramática situación del desempleo juvenil: el 50% de los jóvenes de menos de veinticinco años está en desempleo y el 45% en el país.

Ante este escenario, ¿cuál es la economía de futuro para esta tierra?

Es el momento de crear entre todos un proyecto ilusionante, capaz de movilizar a la sociedad andaluza para alcanzar un objetivo común. Ese proyecto y ese objetivo nacen y se fundamentan en la empresa como agente fundamental para el desarrollo de Andalucía.

Tenemos un millón de parados y una economía que no tiene, en el futuro inmediato, perspectivas optimistas.
Pero, a pesar de ello, no podemos ni debemos permitirnos el más mínimo sentimiento de frustración o fracaso. Nuestras empresas han sido punteras y competitivas cuando las circunstancias han contribuido a ello; hemos abierto caminos en la internacionalización, y nos hemos ganado un respeto fuera de nuestras fronteras que parecía impensable.

La solución está en la empresa; la que nos puede llevar a las máximas cotas de crecimiento, y la que debe protagonizar el resurgimiento de nuestra economía.

La ecuación para salir de la crisis es la siguiente: empresa-empleo-riqueza y bienestar social, y nunca se puede resolver a la inversa. En nuestro modelo de sociedad y en el mundo globalizado no cabe ninguna otra ecuación.

La salida de la crisis solo será posible si se crean las condiciones necesarias para que se constituyan más y más empresas, y que éstas generen más y más riqueza, y más y más empleo; para que así, y solo así, pueda conservarse e, incluso, incrementarse el bienestar social.

Hacen falta más empresas en Andalucía.

Nuestra Comunidad está diez puntos por debajo de la densidad empresarial media de España; es decir, que por cada mil habitantes hay diez empresas menos que en el resto del país.

Pero, además, nuestro problema es cuantitativo y no cualitativo, pues estoy convencido de que la empresa andaluza es una gran desconocida que se abre paso en los mercados internacionales y recibe innumerables reconocimientos dentro y fuera de nuestro país por su competitividad y su capacidad de innovación.

Por ello, es imprescindible que las administraciones públicas conviertan a la empresa en el eje de sus políticas, que la amparen, que pueda desarrollar su actividad en un entorno apropiado, y que se convierta en el mejor referente para las nuevas generaciones de andaluces, y adquiera el prestigio que merece en la sociedad actual.

Para ello, son imprescindibles cambios en los comportamientos de las administraciones públicas.

La actividad empresarial no debe encontrar trabas en su quehacer diario. Las administraciones públicas deben ser ágiles y eficaces en su gestión, de tal modo que quienes se esfuerzan cada día en sacar adelante sus negocios encuentren colaboración y no más dificultades de las que genera el propio mercado.

Hay que dar salida a los proyectos empresariales que están en marcha. Porque no faltan promotores de proyectos, sino soluciones en tiempos económicos.

Santiago Herrero
Presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA)