EXTRA

La Fundación Cajasol sigue apostando por la conservación del patrimonio artístico andaluz

La Fundacion Cajasol ha adquirido en la Subasta de Primavera de AIG, celebrada ayer tarde en el Centro Cultural, las obras  “Calvario” de Pedro de Campaña y “Vista de las afueras de Sevilla” de Andrés Cortés y Aguilar.

Antonio Pulido presidente de la Fundacion Cajasol y Carmen Aranguren directora de AIG observando una de las adquisiciones
Antonio Pulido presidente de la Fundacion Cajasol y Carmen Aranguren directora de AIG observando una de las adquisiciones

Para el presidente de la Fundación Cajasol, Antonio Pulido “estas dos obras adquieren una especial relevancia por su aportación a la Colección de Arte ya que serán expuestas para el disfrute y estudio en la capital andaluza, permitiendo que estas dos importantes piezas se queden en nuestra tierra y puedan ser ofrecidas desde nuestra entidad a todos aquellos museos que las soliciten, siendo ésta una modalidad invertida en los últimos tiempos, ya que durante muchos años grandes piezas de nuestra pintura han ido a manos de colecciones privadas internacionales sin posibilidad de adquirirlas y ser mostradas en Andalucía”. “Tenemos una honda preocupación por que nuestro patrimonio cultural salga de nuestras fronteras. Somos pocos en estos momentos los que podemos hacer un esfuerzo por preservarlo y mantenerlo en Andalucía, ya que detectamos el manifiesto de nuestro compromiso por seguir, en la medida de nuestras posibilidades, de ponerlo al alcance de todos los ciudadanos” añade Pulido.

“De esta forma se consigue el objetivo que tradicionalmente hemos mantenido en la entidad siempre que se ha adquirido una obra, hacer de nuestra Colección una de las más importantes del país con lo que ello significa, que miles de jóvenes puedan conocerlas, que pueda servir de estudio y de deleite a andaluces y foráneos que visitan nuestras exposiciones así como el alcance que tiene abrir la Colección a todos los ciudadanos desde Sevilla realzando nuestra cultura y nuestro patrimonio” puntualizó Antonio Pulido.

La Fundación Cajasol tiene un fiel compromiso con la cultura andaluza y, por ello, no se ha querido desaprovechar esta oportunidad una vez más. Seguimos en nuestra responsabilidad de no dejar a un lado la cultura, tal y cómo se ha demostrado con la adquisición de estas obras. Entre nuestros deberes como Fundación, se encuentran el cuidado y la conservación del patrimonio andaluz y su transmisión a generaciones venideras; y devolver a la sociedad en forma de cultura y acción social todo lo que se recibe de ella.

El óleo sobre tabla ‘Calvario’ puede decirse que es la obra más dramática de las diferentes representaciones que Campaña realizó de este tema y puede fecharse en la última etapa del artista. En la pintura, de acusada perspectiva y simetría, marca un eje longitudinal en el centro la cruz de Cristo, de la cual pende su cuerpo ya muerto – como muestra la llaga en su costado – cubierto únicamente por un paño de pureza que flota ondulante. Al pie y a cada lado del madero sobre un suelo rocoso se encuentran dos figuras afligidas y trágicas: a la izquierda está la Virgen erguida, que mira hacia lo alto para observar el mortificado cuerpo de su hijo y a la derecha san Juan, quien, con la mirada baja, cruza los brazos a la altura del pecho en señal de dolor.

Flanqueando la escena están colocados los dos ladrones, vistos de espaldas y de perfil, completamente desnudos. Sus cruces sinuosas y curvadas, junto con el alargamiento que se otorga a las figuras, crean un efecto sobrecogedor y teatral. Al fondo cierra la composición un celaje cubierto de nubes que oculta el sol, tal y como señala el Evangelio que ocurrió a la hora de la muerte de Cristo. Sólo lívidos resplandores se aprecian en la línea del horizonte, hacia donde se dirige un cortejo de soldados y sajones, junto con los santos varones y mujeres que van camino de Jerusalén.

Pedro de Campaña (Bruselas, c. 1503-c. 1580), nacido en Bruselas en los inicios del siglo XVI y continuó su aprendizaje y formación en Italia para posteriormente trasladarse a Sevilla donde permaneció desde 1537 hasta 1562. En esa fecha regresó a Bruselas donde dirigió la Fábrica de Tapices. Fue uno de los grandes representantes del manierismo europeo. En su obra pueden encontrarse desde paisajes hasta retratos y destaca la importancia que otorga a los contrastes de luz.

“Vista de las afueras de Sevilla” de Andrés Cortés y Aguilar, en palabras del profesor Valdivieso, es una creación que presenta con absoluta claridad el estilo de este pintor, lo que además corrobora una inscripción que figura al dorso de la tela y que señala lo siguiente: Premiado con la medalla de plata en la exposición de Sevilla del año 1858 Andrés Cortés A. Dicha inscripción, que parece autógrafa del artista, se encuentra en la actualidad muy perdida al haber absorbido el lienzo el barniz que se le ha dado a la pintura en la reciente restauración que en ella se ha efectuado. La escena que describe Cortés, corresponde a las afueras de Sevilla, concretamente al final del arrabal extramuros de la Macarena, en la época en que la ciudad confluía con el campo abierto. En ella se describen varios caseríos. A la izquierda puede observarse una Venta, en cuyo portal se lee la inscripción Estanco nacional. Un cazador con sus perros está sentado en un poyete y un landó se encuentra estacionado a la puerta. El centro de la composición está ocupado por unos pastores que conducen un rebaño de vacas y ovejas, grupo que el artista utilizó de forma similar, varias veces, en otras composiciones pictóricas. Detrás de los pastores y sus ganados aparece una noria a cuyo palo giratorio se encuentra atado un buey. Inmediatamente después figura el tendido del ferrocarril Sevilla-Córdoba que justamente en 1858 se estaba concluyendo, puesto que el primer viaje oficial del tren con servicio público se efectuó en 1859. Por ello, puede advertirse que el tren no lleva vagones, sino vagonetas descubiertas, y que en ellas viajan grupos de obreros del ferrocarril. Al pie del terraplén por donde circula el tren se encuentra un grupo de una decena de jóvenes que cantan y bailan, configurando una escena de alegre carácter popular. Cierra el paisaje en la parte superior la ladera del Aljarafe, que se pierde a los lejos hasta confluir al fondo con la sierra. Se advierte también en lejanía y a la derecha el perfil del monasterio de San Jerónimo, delante del cual discurre el río Guadalquivir. En la línea del horizonte se advierten ligeras nubes teñidas de los tonos anaranjados del atardecer, lo que señala las horas postreras de la tarde en las que se han de poner fin a las bulliciosas labores que ocupan a los numerosos personajes que se integran en la composición, por lo que el cazador que aparece disparando deberá interrumpir su actividad para regresar a la ciudad. Es esta una de las más interesantes pinturas que actualmente conocemos de Andrés Cortés, y como quiera que fuera inédita hasta el presente, puede incorporarse a su catálogo como una de las más importantes obras que de él conocemos.

Esta obra viene a acompañar a las que posee la Colección del Romanticismo, entre las que se encuentran obras de Sánchez Perrier, Joaquín Sorolla, Jiménez Aranda , Francisco de Paula Escribano, María Luisa Puiggener, Villegas, Antonio María Esquivel, Valeriano Becquer, José Gutiérrez de la Vega, Manuel Cabral Bejarano, José Pinelo Llul ó José Arpa y Perea, todos autores del XIX.

Andrés Cortés y Aguilar. (Sevilla, 1810-1879), hijo del también pintor Antonio Cortés, nació en Sevilla donde residió hasta su fallecimiento. Fue profesor de la Escuela de Bellas Artes y miembro de su Academia. En su obra destacan fundamentalmente las vistas de la ciudad de Sevilla, tanto de paisajes urbanos como, sobre todo, rurales.  En Vista de las afueras de Sevilla se representa, en palabras del profesor Enrique Valdivieso, el “final del arrabal extramuros de la Macarena, en la época en que la ciudad confluía con el campo abierto”.


Ya puedes leer y descargar
la edición de abril de
Agenda de la Empresa