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West Side Story abarrota el Teatro de la Maestranza de Sevilla

Etiquetado como ‘musical’ -un tipo de espectáculo que bien pudiera asimilarse a la opereta vienesa o incluso a la zarzuela española- el término ha hecho fortuna y su definición, según la RAE : “género teatral o cinematográfico de origen angloamericano, que incluye como elemento fundamental partes cantadas y bailadas” responde a los cánones estéticos de nuestro tiempo. Así lo entendió Leonard Bernstein –una de las grandes y controvertidas figuras de la música del siglo XX- que tanto habría de influir  en la juventud de la posguerra. Su carácter carismático y su compromiso político enarbolado como bandera le situaron, para bien o para mal, en una especie de atalaya que le otorgaba una posición dominante en la segunda mitad del siglo XX. Consumado pianista, tanto la televisión como sus libros influyeron de forma decisiva en varias generaciones de jóvenes, en particular su producción teatral en un intento de reconciliar la distinción entre música “seria” y popular, objetivo alcanzado con una serie de conciertos en Londres en donde Serenade y La edad de la ansiedad tuvieron una excelente acogida.

Este West Side Story que con tanto éxito se ha representado en el Teatro de la Maestranza traslada al siglo XX los amores adolescentes de Romeo y Julieta, situándolos an los convulsos años 50 del pasado siglo, con su vorágine de inmigrantes portorriqueños, tensiones raciales e irrupción de bandas callejeras en Manhattan, todo ello inmerso en un clima de extremada violencia, sexo y droga en esta espectacular producción de Jerome Robbins (SOM Produce y WWS 100 Aniversario 2107 AIE) en la que destacan la fidelidad narrativa y la referencia constante a los nuevos ritmos latinos (pop, jazz …) que describen con inusual realismo  (y, a veces, con desaforada intensidad sonora) los mil y un conflictos que agitaban a la sociedad de la época. A destacar, en esta producción, el espectacular ballet, el vestuario, las voces (recordemos la brillantísima intervención de Talía del Val), la profesionalidad en fin de quienes han hecho posible saldar esta deuda artística con nuestra ciudad.

MFR